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La Zarza de Horeb – Prólogo

La Zarza de Horeb – Prólogo

La Zarza de Horeb o El Misterio de la Serpiente
PRÓLOGO
Dr. Jorge Adoum (Mago Jefa)

 

Dedicatoria

Al II. Diputado General y Gran maestro de la “Fraternidad Rosa-Cruz para la América del Sur” J. E. Bucheli, a cuya petición fue escrita esta obra, y por intermedio de él a todos los hermanos de la augusta Fraternidad Rosa-Cruz.

El autor

 

PROLOGO

¿No habéis leído que aquel que creo al hombre en el comienzo del mundo creo un hombre y una mujer y dijo: los dos no serán sino un a sola carne? (Mat. XIX. 4-5).

Si, hemos leído, pero no hemos comprendido.

Precisamente ahí esta el misterio del sexo.

El hombre es un animal pudoroso. Pero. ¿Qué es el pudor? ¿De dónde viene? El pudor es el velo de la faz divina en el sexo.

La faz de Ishtar, diosa del amor. Esta cubierta por un velo con esta inscripción: “Aquél que levante mi velo perecerá”.

“Y el señor llamó a Adán y le dijo: ¿Donde estás? Y él respondió: He oído tu voz en el jardín y he sentido temor, porque me hallaba desnudo”.

He aquí la desnudez, el temor trascendente del sexo — el pudor.

Desde la caída del hombre en el “pecado”, el velo de pudor cayó también sobre él y no será levantado hasta el día en que el hombre pueda ver a Dios en el sexo.

El ateísmo sexual es la fuente de todos los demás ateísmos individuales y sociales.

¡Al diablo (si fuera cierta la existencia del diablo) con esta civilización!

En el muro infranqueable que separa al hombre de Dios, sólo hay una ventana: el sexo. El mismo Dios la abrió en la carne y la cerró de nuevo con carne y únicamente por carne trasparente, como el cristal puro de una ventana podemos lanzar un ojeada de este mundo al otro.

La sed sexual es la de sed de la ciencia; la curiosidad es un veneno.

Adán conoció a Eva y murió porque los dos no fueron, ni han sido nunca, una sola carne en el amor. Todo lo que nace muere; pero el hombre será inmortal en el amor inmortal, resucitador.

El sexo no es solamente la procreación, no es el nacimiento y la muerte; el sexo es ante todo resurrección.

El sexo es la fuerza resucitadora y es el camino que conduce a través de la muerte, hacia la resurrección.

Dice Weininger en su obra, “Sexo y carácter” : “según la biología moderna el sexo tiene su sede no sólo en las partes sexuales, sino en todo el cuerpo; en cada una de sus células. Es más vasto que el cuerpo; no está en el cuerpo, pero el cuerpo está en él”.

En el Libro de los Muertos, el falo del dios Osiris es identificado con el propio dios. Por eso, todo el cuerpo resucitador es fálico, está saturado de sexo. No del grosero, terrenal, sino del sexo sutil, espiritual, astral, cósmico, de la fuerza resucitadora, ya que el muerto tiene que resucitar, que engendrarse a si mismo en la eternidad.

Rosanov, en su obra. “El Mundo Oculto” dice: “Hasta el trozo de limo de esta parte (sexual) esta formada de naturaleza completamente distinta al resto del cuerpo, y sólo se le parece como el hierro meteórico se asemeja al hierro ordinario….. El sexo es una incrustación en el cuerpo”.

Por eso Isis encontraba todas las partes desgarradas de Osiris, menos el falo: “la incrustación” y por eso no podía resucitarle y la diosa sustituye el miembro humano por un falo sobrenatural, trascendente, divino, con “la imagen sagrada” de una madera de sicomoro. Este es el símbolo de la resurrección entre los egipcios.

El “fuego devorador” de Jehová no es sino el fuego del ansia sexual. Pero el fuego del sexo en Egipto era el fuego sagrado: para nosotros este fuego sagrado es fuego maldito.

Los egipcios tenían en el fuego del sexo la paz, la vida eterna y la resurrección de los muertos, mientras que nosotros tenemos la muerte, el crimen y la guerra eterna. El sexo sagrado de los egipcios tenia la voz del mando “Resucita”; el sexo maldito nuestro clama “mata”.

Según la biología moderna, en el mundo humano, como en el mundo animal y vegetal, no hay individuo de un solo sexo; todos son intermediarios entre los polos, masculino y femenino.

En cada hombre, entonces, se esconde una mujer, y en cada mujer, un hombre. Esto es lo que significa el hecho de Isis cuando reemplaza el desaparecido falo de Osiris con la imagen sagrada, con el propio falo trascendente y divino.

Vivir en dualidad sexual es caminar hacia la muerte; vivir en unidad sexual es devenir inmortal.

La raíz de la muerte es la separación sexual de la personalidad en dos mitades. Vencer a la muerte, resucitar, es restablecer la unidad del sexo en la personalidad, es curar la abierta herida del sexo.

La personalidad integral es sellada y su amor sexual es el camino a la resurrección.

La voluptuosidad del amor es la amargura, la repugnancia, la vergüenza y el temor. Es sumo deleite, es el dolor sumo —amor y muerte.

El primer hombre inmortal, antes de la caída era hombre-mujer. Así debe ser en Aquel que triunfe de la muerte con la muerte, del sexo con el sexo.

La divinización del hombre cede el puesto, por el momento, a la humanización de Dios. Actualmente los dioses son hombres; envejecen, sufren, mueren y resucitan. Los dioses mortales de la antigüedad son demasiado humanos, por eso el sacerdote antiguo oraba el oficio cotidiano diciendo: “No he venido a matar al dios sino a reanimarlo”. Pero, ¿qué dios es ese y con que hay que reanimarlo? Con el sexo, porque el sexo tiene el poder de matar y de reanimar a los dioses.

El sexo humanizo a los dioses; el sexo divinizará a lo hombres.

El sexo es el mediodía en Dios: su aurora es el Hombre—Dios, su ocaso es el Dios—Hombre. El hombre antiguo decía: “Yo soy Dios”; mientras que nosotros actualmente decimos: “Dios no existe”.

Nosotros tenemos el sexo abatido, mientras que los antiguos tenían el sexo transfigurado en el sexo sagrado. Por eso se dijo en el evangelio: “los hijos de la resurrección no se casan, porque son semejantes a los ángeles”.

El sexo tiene muchos nombres figurados como son los siguientes: Energía Creadora, Energía Divina, Fuego Sagrado, El Misterio de la Serpiente, Kundalini, el Fuego Ígneo, y otros muchos más. Nosotros le hemos llamado “la Zarza de Horeb” porque esta zarza arde y no se quema; es luz inefable y porque Dios llama en medio de la zarza diciendo: “No te acerques acá: desata el calzado de tus pies; porque el lugar, en que estás, tierra santa es”.

MAGO JEFA
Quito, septiembre de 1944

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