Cuando dirigimos nuestra atención hacia un objeto o elemento exterior, lo vivificamos.
Cuando dirigimos nuestra atención hacia un problema, lo vivificamos.
Pero cuando elevamos nuestro pensamiento a Yo Soy, participamos de su nivel vibratorio y lo asumimos como nuestro, elevándonos por encima de lo transitorio y del océano de ideas y sentimientos equivocados.
Nuestro interior es un recipiente que cobija pensamientos-semilla que son cultivados en las profundidades de nuestra Subconsciencia. Ésta a su vez, no tiene por si misma la capacidad de discernir entre «el Bien y el Mal». Es nuestra mente consciente, nuestra Auto-consciencia quien debe de tomar la responsabilidad de vivir de manera atenta y discernir entre lo más útil y no menos útil para nuestra Obra, entre lo más bondadoso y lo menos bondadoso hacia nuestros seres hermanos.
Esta afinación o transmutación mental nos permite transcender los estados interiores equivocados y desaloja de nuestro interior toda semilla indeseable.
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