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La Transformación

La Transformación

LA TRANSFORMACIÓN

No hay ningún poder en este mundo que pueda arrebatarnos lo que es nuestro por derecho. Solamente lo pueden hacer de forma aparente, pero eso nunca es fruto de ninguna voluntad personal.

Si eso sucede es porque aquello que nos han arrebatado no era realmente nuestro, o el periodo de su posesión había expirado.

Cuando esto ocurre, en lugar de seguir atados a nuestras antiguas posesiones, debemos abrirnos a nuevas oportunidades, a nuevas experiencias.

Y en lugar de culpabilizar a los demás, debemos comprender que nadie posee dicha Voluntad y, por lo tanto, el responsable último de todo es Hashem, bendito sea.

Para poder experimentar el profundo significado de la palabra libertad, el discípulo debe aprender a sincronizar su voluntad personal con la Voluntad Una.

Quienes, acertadamente, pueden identificar esa corriente de Voluntad libre en su interior se equivocan al identificarla con su voluntad personal.

Todo proviene del Uno. No hay nada que de Él no provenga.

Nuestras necesidades físicas, emocionales, mentales y espirituales están ya pre-vistas desde el primer instante de la Creación, pues todo pre-existe en Su Substancia, la cual permea todo el Universo más allá del Tiempo y del Espacio.

No podemos pedir más Luz y esperar que el Universo se quede inmóvil.

El aprendizado de nuevos misterios exige cambios de toda índole en nosotros mismos. La Ciencia empieza a descubrir la importancia de la química en nuestros pensamientos, en nuestras emociones, en nuestro comportamiento.

Una Nueva Ciencia jamás podrá ser soportada en en cuerpo y una mente viejos y anquilosados. Y todo cambio conlleva a cierto dolor. Quien siente ese dolor es nuestra vieja personalidad. El Espíritu, en cambio, sabe que sin necesidad o dolor, los cambios no se producen.

Necesitamos odres nuevos para el vino nuevo.

Ningún pececillo saciado se hubiera atrevido a dejar la seguridad de las aguas del mar para aventurarse en las playas de hace millones de años.

Si no fuera por ese primer valiente deseoso y necesitado, los mamíferos no hubiésemos heredado la tierra.

Ese pececillo éramos nosotros mismos.

Ese pececillo somos nosotros mismos cada vez que nos atrevemos a desear, cada vez que sentimos la Necesidad.

De manera que, si deseamos cambios, si deseamos avanzar, si deseamos descubrir toda la potencialidad del Universo, preparémonos para aquello que los ignorantes llaman sufrimiento y que el sabio llama TRANSFORMACIÓN.

“Lo que para la oruga es el Fin del Mundo, para el Maestro es la Mariposa.”

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