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La Iniciación Masónica y su Relación con el Hombre

La Iniciación Masónica y su Relación con el Hombre

Las Llaves del Reino Interno – Jorge Adoum
Cap. IX (extracto)

La masonería, es un hecho de la Naturaleza y siendo un hecho de la Naturaleza es una repetición diaria, acontecida en el mismísimo hombre.

Sus leyes son las mismas de toda religión, tienen por objeto, el descubrimiento del verdadero Ser interior y el conocimiento de sí mismo.

Pero como sucedió a las religiones ha sucedido a la masonería: todos han materializado sus pensamientos para adorarlos, en vez de espiritualizar sus obras para convertirse en dioses.

No negamos que los secretos esotéricos de las religiones y de la masonería son actualmente de todo el mundo, pero el verdadero misterio de ellas no se halla en los libros rituales y ceremonias, sino en lo más hondo del espíritu, en el jardín Edénico cuya puerta está guardada y vigilada por el ángel de la espada flamígera. Los religiosos, los sacerdotes de toda religión y los masones poseen los misterios a manera de los camellos del desierto, cargan el agua y mueren de sed y con todo corren buscando, por todas partes, el líquido de la vida.

El símbolo es como el verdadero arte, nunca debe hablar al sentido, sino debe excitar la imaginación, pero desgraciadamente el hombre actual tiene tan perezosa imaginación que no se molesta en escudriñar nada, y se contenta con adorar el ídolo que ella creó.

Su objeto es la investigación de la verdad; pero esta investigación, debe ser interna y, subjetiva, pese a cualquier mastín que crea lo contrario. Hemos dicho que los símbolos son la alegoría de la verdad y no son la verdad, sólo expresan la imagen simple de la calidad de las cosas. El símbolo es el cuerpo físico de la idea, pero para conocer la idea hay que sentirla o concebirla.

El fin de la masonería es el de que cada hombre se conozca a sí mismo y el conocimiento de sí mismo no consiste en estudiar anatomía, aunque muchas veces la magnificencia de la anatomía conduce al hombre a la meditación en el misterio.

“Yo soy el pan de la vida”, dijo el Divino Maestro. ¿Podremos creer que esa frase simbólica, significa el pan que comemos diariamente y quien lo come vive eternamente?

Antiguamente el hombre, cuando todavía no materializaba sus pensamientos, no tenía necesidad de símbolos, ni alegorías. Hasta ahora, algunos animales tienen instintivamente la sensación del barómetro y sienten de antemano la llegada de la tempestad, mientras que el hombre tiene que acudir al instrumento en sus investigaciones. Todo esto, aconteció desde que la mente empezó a creer en todo, a los cinco sentidos y abandonó la intuición subjetiva.

Entonces ya comprendemos que los símbolos en la masonería tienen por objeto redescubrir la luz oculta por los tupidos velos de los sentidos. Son necesarios hasta cierto punto porque constituyen el cuerpo físico de la enseñanza, pero nunca debemos imaginar que el hombre vive, solamente cuando está en su cuerpo físico.

A su debido tiempo explicaremos en lo posible el significado de cada símbolo.

Entonces la masonería es, como hemos dicho, una repetición diaria de las leyes naturales en el mismo hombre, según la máxima de Hermes: “Como es arriba es abajo”.

 

Masón o Francmasón

El término de masón se deriva, según algunos autores, de phree messen que son unos vocablos egipcios que significan “Hijo de la luz” y según otros de “Libre constructor”.

En el lenguaje masónico, Dios es conocido con el nombre de Gran Arquitecto. Arche es una palabra griega que quiere decir “substancia primordial o primaria”. Tekton en griego significa “constructor”. Se dice que José, el padre de Jesús era carpintero; pero la palabra empleada en la lengua griega es tekton, esto es, constructor y mal puede ser traducida por carpintero. Asimismo se dice que Jesús fue tekton, o sea un constructor.

De este modo el término “francmasón” o significa hijo de la luz o constructor, que está esforzándose en construir el templo místico; en construir, dentro de él, el altar de sus sacrificios, y luego debe velar y orar mientras espera pacientemente al fuego divino que baje para consumir su ofrenda.

Sea que “francmasón” signifique hijo de la luz o libre constructor, ambos términos dignifican al hombre que lo lleva, pero nosotros podemos preguntar: ¿cuántos hombres que llevan el título de masón son dignos de este término?

 

Templo

El templo es el lugar en donde se reúnen los masones para desarrollar sus trabajos. Esta palabra se deriva de la latina “tempus” (tiempo). Ya hemos repetido y volvemos a insistir, que desde que el hombre abandonó su estado edénico, su paraíso espiritual, se alejó mucho de la verdad y ya no pudo concebir lo abstracto, tuvo que materializar sus ideas, así como Tomás, después de la resurrección del Señor no podía concebir intelectualmente tal prodigio y quiso introducir el dedo en las llagas para comprobar el hecho.

Así también sucede con todo hombre: desde el momento en que se olvidó de Dios que mora en su corazón, de sus leyes naturales en el Universo y el cuerpo físico, inventó un dios exterior y creó un edificio para alojarlo. Este edificio se llama templo. Tampoco se detuvo aquí, sino quiso comprender intelectualmente la naturaleza de Dios. Entonces principió a darle formas iguales al propio cuerpo físico y atribuirle deseos, anhelos y pasiones, y por último se hizo representante de EL en la tierra. Dios se convirtió en un ser temible, expuesto a la ira, venganza, odio, etc., y a pesar de ser infinito se redujo al extremo de poder habitar en un edificio llamado templo.

El iniciado o hijo de la luz comprende hasta le evidencia que el Universo entero es el Templo de Dios, que el Templo de Dios es universal, no sectario, cuya contraparte es el mismísimo cuerpo humano. Está escrito: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”

Los Egipcios, que eran mucho más sabios que nosotros, cuando construían sus templos, imitaban en lo posible las leyes cósmicas universales que se reflejan en el cuerpo del hombre. La Pirámide de Keops es el templo más perfecto. En este monumento eterno, pudo la mente iniciada encerrar algunos de los misterios del cuerpo físico reflejados por los del Macrocosmos. El iniciado o, sacerdote egipcio se conoció, asimismo, física y espiritualmente, y descubrió su conocimiento en este libro que es la Pirámide, para que su hermano menor pueda leer en él y saber como él, la manera de penetrar a su interior y adorar a Dios.

¿No dijo el Cristo: “Llegará la hora y hora es, en que ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Dios es Espíritu: y es menester que aquellos que le adoran le adoren en espíritu y en verdad”?

¿Y el Templo de Salomón, no es la imitación del cuerpo físico? ¿Todos sus misterios no significan el proceso alquímico que se efectúa diariamente dentro del propio cuerpo del hombre?

La humanidad, cual hijo pródigo del Padre Celestial, hambrienta en el desierto del mundo, se alimenta por los desechos de sus placeres \que enferman al alma, ha tenido siempre la voz interior del Yo Soy que le grita: Vuelve a tu hogar.

El iniciado, hijo de la luz, después de sufrir miles de miserias en pos de sus placeres se siente impelido por la voz interior a volver al seno del Padre y formar de su cuerpo una casa, un templo para Dios; un templo del espíritu, donde pueda entrar, cerrar sus puertas para encontrar al Padre frente a frente y contestar a su voz.

Pero como no todos han podido escuchar esa voz interior, el Padre nos habla con el lenguaje simbólico, el cual a la vez oculta, y a su debido tiempo revela las verdades espirituales, se valió de los hermanos mayores para trazar a nuestra vista el símbolo del Templo cuyo objeto es hacernos volver a El interiormente a nuestro corazón, el único altar de la Divinidad.

Adorar a Dios en espíritu, no significa prosternarse ante su imagen dentro de un templo, hecho por manos humanas, y no, a manera de Melquisedec, en el templo no construido por hombre alguno. Pero al igual que nosotros contemplamos el retrato de un ser querido, debido a que el retrato despierta en nuestro corazón un sentimiento tierno, así el simbólico templo enciende en nuestro pecho el deseo de adorar al Dios interior que está fuera del alcance de los sentidos físicos.

Cristo dio fin a la época del Santuario o templo externo, desde el momento en que hizo el autosacrificio, y desde aquel entonces el Altar de los sacrificios y ofrendas debía levantarse dentro del corazón para reparar las faltas.

El candelabro de oro debe estar dentro del cuerpo para que nos guíe al Cristo interno, y que la gloria del Shekinah del Padre, more dentro de los recintos sagrados de nuestra propia conciencia divina.

Entonces, el templo es la representación alegórica del cuerpo físico. Todo iniciado debe penetrar diariamente, por medio de la concentración y meditación, al templo interior, al corazón y permanecer allí largos momentos, frente a frente a su Padre Celestial. Debe el aspirante dejar todo sistema, ejercicio, escuela o religión y dedicarse a esa comunión con el Padre, porque el templo de la religión esotérica y de la masonería, tienen por objeto conducir al hombre a este fin.

 

La Logia

El templo representa el Universo que es el Templo de Dios, cuya contraparte es el cuerpo humano. En el interior del Sagrado Templo hay una cámara destinada a la reunión general para estudiar las obras de Dios. Es la cámara interna, es el sol del Templo, el lugar santo en donde mora la Presencia de Dios: la logia.

La logia es la manifestación de Logos o Palabra, o el Cristo que vive en cada uno de los miembros y encuentra en su conjunto una armónica expresión. Así como el templo es la contraparte del cuerpo físico, la logia es la contraparte del lugar santo, que se halla dentro del hombre, en donde el Cristo, Yo Soy, está trabajando siempre en construir y expresar el Plan de Gran Arquitecto. El verdadero Sancta Sanctorum se encuentra en el interior del hombre quien, por materializarlo, le dio un símbolo que es la logia en donde busca la inspiración.

También la logia representa la superficie de la tierra, con los cuatro puntos cardinales: Oriente, Occidente, “camino de la luz”, Norte, Sur, su anchura; con tierra, fuego y agua bajo nuestros pies, y aire y Nous sobre nuestras cabezas, más encima de las cuales representa el techo de la logia un cielo estrellado, símbolo de un mundo inmaterial. Todo esto quiere, decir que como el Universo no tiene límites, es un atributo de Dios que abarca todo, así también la logia, el Logos, el Cristo dentro del hombre, prácticamente no tiene limites, está dentro y fuera y todo lo que es hecho por él fue hecho.

Además, si examinamos detenidamente la logia encontramos que es la representación completa y exacta del mismo cuerpo del hombre, interna y externamente. Hay que intentar la comprensión de este símbolo, si no, el masón será como el papagayo, que repite las palabras sin entenderlas.

Se ha dicho, que logia, Logos, palabra, el Verbo, Cristo, Yo Soy, significa una misma cosa. Ahora examinaremos la doctrina de la redención cristiana. El Verbo se ha hecho carne, se manifiesta en nosotros para salvarnos. ¿Cuántos son los que han meditado en este misterio? Cristo dijo: “Yo soy el pan vivo, que descendí del cielo. . . Las palabras que yo os he dicho espíritu y vida son.” Entonces la redención se consigue por medio de la fidelidad en la Palabra, el Cristo o Verbo Divino que es el Yo Soy interior, que NACE o se manifiesta en nosotros y nos conduce, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la Inmortalidad.

Luego la logia es la habitación del Logos, del Verbo, de la Palabra, del Cristo y esta habitación es el mismo cuerpo físico. Abrir la logia significa dejar que el Cristo Interno manifieste, exprese (presione hacia afuera) su poder por medio de nuestro organismo, células, porque nuestros cuerpos son sus canales. Este es el verdadero significado de la logia, que sólo puede entenderla la compresión interna, cuya doctrina vital debe hacerse carne, sangre y vida en  nosotros, para obrar el milagro ele la regeneración o el nacimiento del Cristo en nosotros, fin de la Iniciación o trabajo interno.

Este misterio no es solamente propiedad del cristianismo, sino ele todas las religiones: Egipcios, Orientales, Romanos, Gnósticos y Cristianos. Es la Doctrina de la luz interior que identifica al hombre con su Dios; pero cada religión lo expresa en distintas formas, palabras y símbolos, adaptándose a la inteligencia y capacidad de sus fieles.

 

Relación de la Logia con el Hombre

Todos los manuales masónicos han tratado detalladamente el significado de los símbolos, pero ninguno ha comparado su relación con el hombre microcosmos, que debe encerrar el misterio del Macrocosmos, así como dice Hermes: Como es arriba es abajo.

Los antiguos egipcios, para construir la eterna Pirámide de Keops, debían de haber estudiado bien al hombre o al Universo o a los dos a la vez para poder producir aquella maravilla científica. De que las logias actuales, los signos, los símbolos, etc…., no han conservado fielmente todo el brillo v el verdadero origen de su antigüedad es cosa comprendida, pero sí ha quedado lo suficiente para ocupar la imaginación del hombre por varias vidas.

La logia dentro del Templo Simbólico es una imagen representativa del Universo o el cuerpo físico del Hombre. Tiene la forma de un cubo que corresponde en su figura al número 4. Simboliza a la Naturaleza o cuerpo con sus cuatro elementos y los cuatro puntos cardinales. Estos cuatro elementos animados por la vida son nacidos por la unión de los principios primordiales, representados por las dos columnas.

La planta del local está orientada en dirección del Oeste a Este. El hombre debe seguir la ley Divina para su evolución, debe imitar al Cristo o Logos solar en su trabajo. En el OCCIDENTE, el sol de la vida después de terminar su jornada y con radiante esplendor, descansa; así es el hombre: después de trabajar intensamente como el padre sol durante el día, busca la paz y el descanso en los brazos de Dios, por medio del silencio, la meditación y por fin el sueño, como lo hace el niño en brazos de su madre.

ORIENTE: Así como es el sol, símbolo de la vida y del nacimiento, del crecimiento y del continuo esfuerzo, así también debe el hombre imitar al sol en todos sus movimientos. Por el sol conoció el hombre las leyes de Dios y en el Oriente vio el agente de estas leyes. El nacimiento diurno del sol después de su descanso enseria al hombre la continuidad de la vida y del esfuerzo, así también de la evolución. El oriente es el principio de la vida.

SUR: Designa la iluminación v la espiritualidad, porque allí el sol brilla en todo su esplendor. El sur es el punto en donde la mente Divina se manifiesta en toda su plenitud.

NORTE: Es el lugar de las tinieblas donde el sol no derrama su luz. Es el mal, el abismo, valle de las lágrimas, la ignorancia. Lugar de los deseos inferiores. La Pirámide tenía la puerta de entrada al norte que indica que el neófito, ciego ignorante debe entrar por el norte, lugar de las tinieblas, a la logia en busca de más luz.

El hombre, también es como la logia, tiene los mismos puntos cardinales. El oriente en él es el anterior de su cuerpo por donde puede manifestar su continuo esfuerzo; sus cinco sentidos colocados en esta parte son los que le ayudan al servicio, al conocimiento de los misterios. Su rostro debe derramar la luz del saber y del beneficio.

El occidente en él es la parte posterior de su cuerpo. Después que el Sol Espiritual derrame su luz por la faz del hombre incitándole a expresar, a manifestarse, se resigna a ocultarse, para que su mente busque la meditación y el descanso, asimilando todas las experiencias del día. Entonces cierra las puertas de su aposento y se dedica a adorar al Padre interiormente v recibirá la iluminación.

El lado derecho o sur del hombre es el lado positivo. El cerebro derecho es el instrumento de la mente Divina; todo pensamiento altruista procede de esta parte: El sol espiritual derrama en él su manantial (le iluminación y manifiesta en él el reino de la espiritualidad; es la Galilea, la ciudad santa, etc., del Evangelio.

El izquierdo, el norte, es el lado negativo, el lado tenebroso, hemisferio izquierdo del cerebro llamado por biblia Babilonia, ciudad de confusión, morada de los espíritus luciféricos, de los sentimientos egoístas, Judea, Capharnaum del Evangelio, y por último el reino de la ignorancia, de donde nada sale, sino el deseo bajo y egoísta.

En el contorno de la logia se hallan repartidas doce columnas, según la comprensión general, representan los doce signos zodiacales pero según nuestra comprensión representan un ideal más esotérico. Semejante al sol colocado entre los signos así es el verdadero hombre, está dentro del cuerpo físico, está suspenso entre las dos decisiones de donde nace su futuro espiritual después de nacer su devenir físico.

Así como las doce columnas de la logia indican los doce signos del zodíaco; dentro del cuerpo físico se hallan doce partes, doce facultades que están influidas por aquellos signos, y que están repartidos alrededor del sol espiritual en el hombre. El año tiene doce meses, Jacob tuvo doce hijos, Jesús doce discípulos y el hombre como contraparte de la ley cósmica tiene doce facultades del espíritu en él.

Durante el año, el sol Padre visita a sus doce hijos, en el Zodíaco; el sol Cristo en el hombre, también vivifica durante el año a las doce facultades, representadas por los hijos de Jacob, o discípulos de Jesús.

El Carnero o Aries representa la cabeza o el cerebro del Hombre cósmico es Benjamín: como facultad intelectual, es la voluntad activa guiada por el cerebro.

Tauro: Representa el cuello y garganta, es Issachar: la fuerza del pensamiento silencioso y vivificante.

Géminis: Los brazos y manos del hombre; Simeón y Leví: la unión de la razón y la intuición.

Cáncer: Los órganos vitales, respiratorios y digestión; Zabulón: el equilibrio entre lo material y lo espiritual.

Leo: El corazón, el centro vital de la vida física; Judá: anhelos del corazón.

Virgo: El plexo solar que asimila y distribuye las funciones en el organismo; es Asher, que expresa la realización de las esperanzas.

Libra: Riñones y lomos del hombre, es el equilibrio en el torbellino de la fuerza procreadora; es Dan: la percepción externa equilibrada que se exterioriza como razón y presencia.

Escorpio: El órgano generador o el sistema sexual es la caída del hombre fuera de la Balanza o Libra punto equilibrante; es Gad: la generación de las ideas.

Sagitario: Muslos y asientos del hombre autoridad y gobierno físico; es José: facultad organizadora del Espíritu.

Capricornio: Rodillas plegables y flexibles del hombre emblema del servicio; es Nephtalí, símbolo de la regeneración o renacimiento.

Acuario: Piernas, locomoción del organismo; es Rubén: la ciencia y la verdad.

Piscis: Los pies, bases fundamentales de toda cosa externa; Efraín y Manasés: paciencia y obediencia.

Entonces las doce columnas que representan los doce signos zodiacales interpretan las doce facultades del Espíritu, colocadas en el cuerpo físico del hombre.

A lo largo del friso, imagen de la eclíptica, circuye un grueso cordón, anudado a distancias proporcionales, formando doce lazos cuyos extremos están terminados en dos borlas que se apoyan sobre las columnas de la Orden.

Esta cadena o lazo interior nos explica la relación que se halla entre una facultad espiritual y otra. Este lazo interno debe ser buscado individualmente y cada cual debe manifestar y lo más elevado de sus facultades, en pensamientos, sentimientos obras.

No basta ‘la manifestación buena de una sola facultad, sino que todos deben vibrar al unísono Divino, y porque- una vibración negativa tiende a anular la positiva. Entonces el lazo simboliza la unión de todas las facultades espirituales, y la unión de todos los masones, para perfeccionarse, en primer término, a sí mismo y perfeccionar después a la Humanidad, haciendo de ella una Familia Universal.

Al oriente se levanta un estrado o plataforma, elevado sobre una gradería de cuatro escalones y cuyo frente está formado por una balaustrada. En la parte central de esta plataforma se levanta sobre tres gradas otro estrado de menores dimensiones, pero bastante espacioso para contener el sitial del Venerable Maestro y el ara o el trono que tiene delante, resultando que este se halla elevado a la altura de siete grados sobre el nivel del suelo.

El sitial del Venerable encierra, para nosotros, numerosos misterios. Es otro símbolo del hombre, miniatura del Macrocosmos. Se ha dicho que la frente del hombre es el Oriente por donde derrama el sol sus rayos de vida y de luz; los ocultistas dicen que es el asiento del Yo Soy o el trono de la Divinidad en el hombre.

“A quien venciere, lo haré columna en el templo de mi Dios, y escribiré sobre su frente el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que descendió del cielo de mi Dios y mi nombre nuevo.” (Apoc., Cap. III, vers. 12). Este trono se levanta sobre siete gradas o escalones.

La ciencia espiritual nos enseña que el hombre está compuesto de siete mundos compenetrados unos en otros y que el número siete se halla en todo, porque es el más sagrado. Los mundos en el hombre: Físico, Astral, Mental, Intuicional, Espiritual, Monádico y por último Divino. Para llegar a sentarse en el trono de la Divinidad; para merecer el título de Maestro verdadero, debe elevarse por medio de la verdadera Santidad altruista sobre sus siete mundos, representados por las siete gradas elevadas sobre el nivel del piso.

En otras logias se observan leves diferencias en la disposición de las gradas: por ejemplo la parte oriental del Templo se halla elevada sobre tres escalones, con respecto al piso de la logia, significando con ello que no se puede llegar al mundo de las causas, sino elevándose por medio de la abstracción y la meditación en las regiones superiores del pensamiento en donde se encuentran los principios originarios de las cosas.

Sobre esta elevación se sientan, respectivamente al Norte y al Sur, el Secretario y el Orador y, más abajo, el Hospitalario y el Tesorero y el Portaestandarte y el Maestro de Ceremonias. Estos, con los dos Diáconos, los dos expertos y el Guardatemplo constituyen los oficiales de la Logia, que cooperan con los tres Dignatarios en las diferentes ceremonias que se desarrollan cooperando al orden y armonía de los trabajos.

Entonces el venerable Maestro es aquel ser que por su propio esfuerzo en servir a los demás, impersonalmente, se eleva sobre sus mundos, sus cuerpos, y se sienta sobre el trono de su propia divinidad, representado por el dosel o estrado, colocado sobre los siete escalones.

Por encima del asiento del venerable M.·., se destacan un Delta o triángulo resplandeciente que lleva en caracteres hebraicos el nombre de Jehová, con el ojo Divino en el centro.

Todos esos símbolos encierran grandes misterios en el mismo hombre. El Delta indica la Trinidad del Hombre hecho a imagen del Creador. Los tres lados sintetizan el misterio de la Unidad, de la Dualidad y de la Trinidad, o sea el Misterio del Origen de todas las cosas y de todos los seres.

El lado superior representa la unidad fundamental en el hombre o el primer principio del cual todo tuvo nacimiento. Es la representación del Absoluto dentro y fuera del hombre. Es la primera frase que dice “en el principio” y en el cual existen todas las cosas. Es el Padre origen de toda creación.

Los dos ángulos inferiores son la imagen de la dualidad, representadas, también, por las dos columnas o las dos piernas del hombre y los dos lados; positivo y negativo en su cuerpo.

Cada ángulo es un distinto aspecto de la unidad Primordial Originaria.

El triángulo equilátero es el símbolo de Perfección; Armonía y Sabiduría, son el Padre, Hijo y E. S., las tres emanaciones, poderes, principios. Son el Creador, Conservador y destructor, que forman en El un solo Ser.

Desde el triángulo que forma el Delta propiamente dicho, irradian en sus tres lados grupos de rayos que terminan en una corona de nubes. Estos rayos simbolizan la fuerza expansiva del Ser Interno, que desde un punto central en el hombre se extiende y llena el espacio infinito. Y la corona de nubes indica la fuerza cristalizada, o la materia forma que se produce, como reflujo natural de la fuerza interna e invisible y se condensa con el movimiento de contracción.

En el hombre hay dos corrientes: negativa y positiva que están relacionadas y reguladas por el ritmo que las une como punto equilibrante.

Las letras hebraicas que formulan el nombre de Dios Jehová, encierran cabalísticamente el misterio de la creación por el triángulo. En hebreo son cuatro letras I-He-O He.

I equivale a Diez, número del Creador. es cinco, la mitad de 10, que representa la creación en sí misma. Unido el Creador a su creación ó 10 X 5 se obtiene 1 + 5 = 6 que es la O y así tenemos el misterio de la trinidad. El Padre 10 emanó de sí al hijo 5 o el mundo, y de la relación del 10 con el 5 tenemos el Espíritu Santo.

El hombre como divinidad emana y se manifiesta en el cuerpo físico de cuya unión se expresa la vida.

De manera que IHéO son tres letras que representan el triángulo de la trinidad que se halla en toda religión y filosofía bajo diferentes nombres y que representan al número tres en todo su significado. Enumeramos algunas. La más simple trinidad es: Padre, Madre, Hijo. En egipcio: Osiris-Isis-Horus. En la Brahmánica: Nara-Nari-Viraj. En Caldea: Anu-Nuah-Bel. En el cristianismo la madre desaparece para dar lugar al Espíritu Santo; pero conserva el culto a la “Madre de Dios”.

Alquímicamente: El Azufre, la Sal y el Mercurio son considerados como principios constitutivos del Universo. Rajas-Tamas-Satva o actividad-Energía-Ritmo, que corresponde a la fuerza centrífuga -la fuerza centrípeta-, la fuerza equilibrante.

Brauma, Vishnu y Shiva de la trinidad Brahmánica. Todos estos nombres que encontramos en la definición del Ser Supremo, se hacen en el hombre, el yo, la conciencia individual, la mente o inteligencia y la voluntad que impulsa el deseo hacia su satisfacción. Estos tres principios corresponden también a los tres atributos de Dios y del hombre: Omnipresencia, Omnisciencia y Omnipotencia.

Esta Trinidad también origina la distinción entre los tres mundos: exterior, interior y Divino o trascendente que corresponden a las tres partes del hombre espíritu, alma y cuerpo.

Las tres columnas simbólicas que sostiene la logia (distintas de las dos que se encuentran al occidente, y representan las dos partes o piernas del hombre, como dos polos), representadas igualmente por las tres luces, constituyen otra interesante trilogía: sabiduría que corresponde al Venerable Maestro o sea la inteligencia creadora, que concibe y manifiesta interiormente el plan del gran Arquitecto; la fuerza, que corresponde al primer Vigilante es la fuerza volitiva que trata de realizar lo que la primera concibe; y la belleza representada por el segundo vigilante, estas tres facultades se hallan dentro del mismo hombre.

Libertad-Igualdad-Fraternidad; la primera representada emblemáticamente por la plomada, consiste en la liberación de la ignorancia, del vicio del error, y de las pasiones que degradan y embrutecen al hombre y lo hacen esclavo de sus deseos. La igualdad corresponde al nivel que nos enseña la unidad fundamental de todos los seres con los principios de la equidad y la justicia. La fraternidad simbolizada por la escuadra es la unión de los dos principios anteriores que nos hacen concebir que somos hijos -de un único Padre y de una sola Madre. Sólo el maestro puede practicar, efectivamente, la fraternidad porque en el grado de aprendiz se hizo libre, y en el del compañero se hizo justo.

El ojo en el centro del triángulo es la representación de lo absoluto dentro y fuera del hombre. Es la unidad que se hizo tres, es el símbolo del Único Principio, es la Causa sin causa, en sus tres lados o atributos primordiales, representados por las tres puntas del triángulo, que tienen también otras significaciones simbólicas al representar los tres reinos de la Naturaleza: el pasado, el presente y el porvenir -el nacimiento, la vida y la muerte-, Dios, perfección, transformación.

En el fondo del Oriente, a ambos lados del dosel, en lo alto se destacan a los dos lados del Delta, la luz de la realidad trascendente, las imágenes de las dos grandes lumbreras del Universo: el sol y la luna; las dos luminares visibles, que iluminan nuestra tierra son la manifestación directa y refleja de la luz invisible. El sol está a la derecha y la luna en su cuarto creciente a la izquierda del presidente.

Estos dos símbolos nos enseñan la dualidad de la manifestación. El sol representa la mente Divina en el hombre que corresponde al cerebro derecho, padre de toda idea altruista; mientras que la luna, en su cuarto creciente, demuestra al cerebro izquierdo, al intelecto origen de todo egoísmo.

Los dos luminares y las dos columnas que se hallan en el Occidente del templo, representan los dos principios complementarios, humanizados en nuestros dos ojos, en la dualidad manifestada en casi todos nuestros órganos, en los dos lados derecho e izquierdo de nuestro organismo y en los dos sexos que integran la raza humana y se reflejan en todos los reinos de la vida y de la Naturaleza: corresponden a los principios de la Actividad y de la Inercia; Energía, Materia; Esencia y Sustancia, Azufre y Sal y metafísicamente corresponden a los dos aspectos masculino y femenino de la Divinidad; al Padre Madre celeste de todas las religiones.

Todos estos símbolos se hallan en el mismo cuerpo del hombre, y su materialización en la logia tiene por objeto obligar al intelecto que concentre y medite en sí mismo para adquirir el perfecto conocimiento de sí mismo.

Delante del trono, y a conveniente distancia, hay un pedestal o ara, llamado altar de los juramentos.

El altar es un símbolo antiquísimo en todas las religiones, era destinado para el sacrificio de los animales durante el servicio religioso. Los judíos sacrificaban toros y cabras, acto que nos parece bárbaro, en el día, porque la Biblia dice terminantemente que Dios no desea sacrificios sino un espíritu humilde y un contrito corazón, y que para El no tienen placer los sacrificios de sangre; pero parece que toda religión debía usar, antiguamente, algo de bárbaro. El hombre antiguo amaba a sus posesiones materiales y no podía comprender nada del cielo para aspirar a él, así como actualmente, el hombre dominado por los deseos no puede ni tiene tiempo de pensar en ideales superiores.

Con los sacrificios vivientes, los antiguos sentían la pérdida de un animal cedido por un pecado cometido o una trasgresión de la ley, como nosotros hoy sentimos los remordimientos de la conciencia por nuestras malas acciones.

Se ha dicho antes que “sobre el altar debía arder, permanentemente, el fuego divino, año tras año, con el más celoso cuidado. Este fuego consumía el sacrificio, que simbolizaba el dolor y la muerte, causados por el pecado. El Tabernáculo en el desierto era una sombra de cosas más grandes que habían de venir, dice San Pablo.

Este altar con sus sacrificios y la quema de las carnes, debe ser en el interior del místico. Ningún altar externo puede ayudarnos si no construimos el tabernáculo y su altar dentro de nuestros propios corazones y de nuestras mismas conciencias. Cada hombre debe convertirse en el altar del sacrificio, y al mismo tiempo ser la hostia u oblación que en él se ofrece y que simboliza el animal que en el tiempo pasado se inmolaba. Cada hombre debe convertirse en sacerdote que degüella al animal en él, sacrificarlo y quemarlo. Cierto es que al principio el humo genera en oscuridad o tinieblas y su olor es nauseabundo, pero con el perpetuo sacrificio de los defectos y deseos, llegará el momento en el cual se disipan las nubes ante el ojo espiritual y el humo nauseabundo se transforma en humo de incienso y el altar del sacrificio es cambiado por el del incienso. El incienso es el símbolo del servicio voluntario, o aroma del servicio. El sacerdote tenía el mandamiento expreso de que nunca ofrendara un incienso distinto, sobre el Altar de Oro, es decir, que siempre debía emplear aquella sagrada composición”.

El altar de los juramentos delante del trono, en la logia, tiene la forma triangular (aunque afecta otras formas según el rito). Esta forma representa los tres altares en el tabernáculo símbolo de la evolución: Altar de bronce o de sacrificio, altar del incienso y el altar de oro, cuyo simbolismo es el hombre antiguo, el hombre moderno y el hombre futuro o superhombre.

Sobre el primer estrado, junto a la balaustrada, a derecha e izquierda del Ven. M.·. hay dos bufetes en frente el uno del otro para los hermanos Orador y Secretario.

El orador en la logia representa el poder del verbo en el hombre. El objeto del primer grado es el desarrollar este poder en el candito.

El secretario representa en el hombre la memoria que acumula, ordena y archiva todo experimento recibido en los mundos del cuerpo.

Sobre el altar del Venerable se coloca un candelabro con tres bujías encendidas, una espada, un pequeño mazo llamado mallete, y la carta o patente constitutiva de la Logia.

El candelabro con tres bujías encendidas representa en el hombre las tres luces de la Trinidad. Dios es luz, dice San Juan. Se sabe que la luz, la cual es Dios, es refractada en tres colores primarios por la atmósfera que rodea la tierra, cuyos colores son: azul, amarillo y rojo; así como Dios es refractado en tres atributos o personas, así también el hombre que es su imagen y semejanza.

El Rayo del Padre es azul, a la vez el del Hijo es amarillo, así como el del Espíritu Santo es rojo. En la Naturaleza vemos estos colores con sus respectivas combinaciones. Así como la luz del candelabro llena la Logia, la luz de la trinidad debe ser puesta dentro de nuestros corazones para que nos guíe. La llama sagrada de la Divinidad interna debe morar en nuestra propia conciencia, en el cuerpo templo de Dios y sobre nuestro altar que es el corazón.

La Espada es el poder del verbo o de la verdad Intuitiva es el poder de la voluntad educada. El mallete simboliza la fuerza de la voluntad del hombre.

La carta constitutiva de la Logia nos indica la sucesión de la verdad en el hombre.

Sobre el altar de los juramentos son puestos el libro de la ley (aunque esto no es general en todos los ritos), un compás y una escuadra entrelazados.

El libro simboliza la Palabra Divina, el Verbo o Verdad suprema, escrita en nuestro corazón, en nuestro archivo de la memoria; es la ley natural de la cual habla San Pablo. El compás representa un ángulo en la cual dos líneas distintas parten de un punto y cuanto más se alejan de su origen más se separan. Es la dualidad en el hombre: espíritu, materia. El punto central de la unión corresponde al Oriente o sea al mundo de la verdad, de la realidad, la fuente de la creación que permanece eternamente y en estado de Unidad invisible; la parte opuesta al punto, es la irrealidad, la materia, el occidente; es la misma realidad dividida en dos principios o columnas distintas.

Entonces el punto central del compás es la unión del espíritu del hombre con el espíritu Divino. Es la Realidad que se manifestó en apariencia. Es el Ser que adquirió forma. Es el Espíritu que se vistió de materia.

Ahora toca al hombre forma, realizar por medio de la iniciación; ir dentro, o progresar caminando en sentido inverso, desde el occidente al oriente, espiritualizar su materia, o sea desde los extremos del ángulo, remontando a su origen. También el compás representa el cielo, la Divinidad, el Espíritu entrelazado con la tierra, la humanidad y la materia. Lo superior se une a lo inferior. El Verbo es hecho carne.

La escuadra es el inverso del compás.

Si el compás representa al Espíritu manifestado en la materia, en el cuerpo, la escuadra, cuyo punto central es hacia abajo y sus dos ángulos se elevan hacia el cielo, representa al hombre inferior que por ser dominado por lo superior se eleva nuevamente a su origen, al cielo.

El compás es la intuición y la escuadra es la razón. El compás es la sabiduría interna y la escuadra es el conocimiento externo, pero ambos son necesarios para el hombre en el mundo físico.

Entonces la escuadra y el compás, abiertos y entrelazados cerca del libro de la ley, o Palabra Divina, son los instrumentos simbólicos que nos sirven para interpretarla y usarla constructivamente.

En ambos lados Norte y Sur hay los asientos respectivamente de los aprendices, de los compañeros y de los Maestros: los primeros tienen que colocarse en la región obscura porque no pueden soportar la luz plena del Mediodía, en donde se hallan los compañeros y los maestros, respectivamente del lado del occidente y del oriente, trabajan provechosamente, los primeros ayudando a los últimos.

Al occidente se halla la puerta  de entrada, a la cual hay un asiento y una espada flamígera para el Guarda-templo interno. Para comprender este símbolo, tenemos que repasar ciertos versículos del capítulo III del Génesis.

Versículo 21: Hizo también el Señor Dios a Adán y a su mujer túnicas de pieles, y vistiólos:

22: Y dijo: He aquí, Adán, cómo se ha hecho uno de nos, sabiendo el bien y el mal: ahora pues, porque no alargue quizá su mano, y tome también del árbol de la vida y coma, y viva para siempre.

23: Y echóle el Señor Dios del Paraíso del deleite, para que labrase la tierra, de la que fue tomado.

24: Y echó fuera a Adán, y delante del Paraíso puso Querubines, y espada que arrojaba llamas, y andaba alrededor para guardar el camino del árbol de la vida.

Antiguamente el hombre, en el Paraíso, en el estado edénico, representaba la fase celestial de la conciencia impersonal o el estado de su unión con su Padre Dios que era en su interior. Vivía en la tierra; pero como centró su atención en el mundo espiritual, se retenía en aquel estado moral sin comprender nada de las influencias externas; no se cuidaba de su misión terrestre. Entonces la sabiduría Divina despertó en él la Serpiente, el principio negativo en su mente que generó el deseo, que debería suministrar el motivo y el poder para la completa expresión Divina en la tierra o cuerpo.

Entonces el hombre gustó y comió del fruto del llamado árbol del conocimiento del bien y del mal y por ello obtuvo la experiencia y el conveniente discernimiento, adquiriendo así el poder de usar el conocimiento, que por el cual Dios dijo: He aquí, Adán, cómo se ha hecho uno de nos; porque al comer por primera vez de éste fruto aprendió a conocer el bien y el mal por experiencia; entonces conoció el nuevo y atrayente mundo físico, murió al conocimiento de la verdad que está en él, sintió que estaba desnudo de la realidad y se sintió temeroso.

El deseo en el mundo de los deseos era necesario para crear un cuerpo y desarrollar en el una, conciencia de sí, con objeto de expresar la personalidad. Se llenó poco a poco de deseos, de esperanzas, de ambiciones, aspiraciones y con todas las varias manifestaciones del deseo, atributos de las fases personales para poder expresarse. En este estado fue arrojado del Paraíso, del jardín del Edén o del Estado edénico espiritual, y fue vestido con un “traje de piel” o, en otras palabras, con carne, lo mismo que los demás animales, para poder completar su experiencia y su perfección; tenía que tener un organismo, y una cubierta apropiada al estado en que tenía que manifestarse.

En lo impersonal, en el Estado edénico, no había necesidad de los sentidos, ni tener una forma externa; pero en el estado terrestre fueron necesarios los cinco sentidos para la expresión y para comprender lo que se expresaba. Desde que el hombre tuvo sus deseos comenzó a (aumentar y multiplicarse). Y así, por medio del deseo se formarán todas las manifestaciones y las varias lenguas de la tierra y todas son hijas del deseo, en la mente humana, de expresar en términos terrestres con infinitas fases. Pero mientras más lucha la mente para expresar en palabras o dar forma a la idea Divina, más grande fue su fracaso. Mientras moraba el hombre en el Estado Impersonal llamado el jardín de Edén, y antes de entrar en su misión terrestre, crecía el árbol cuyo fruto se llamaba el conocimiento del bien y del mal. En aquel estado carecía de deseos, porque no había gustado de este fruto. Pero una vez que cedió al deseo y comió del fruto del deseo tuvo que salir del Paraíso y cayó en el pecado llamado original. Al salir del Edén espiritual y entrar al mundo material se encontraba rodeado por condiciones nuevas y extrañas, porque en vez de tener dominio sobre los reinos inferiores que le suministraban cuanto necesitaba, tuvo que arar la tierra y labrarla para ganar su pan con el sudor de su frente.

Esta caída, y esta salida de su estado impersonal le entregaron completamente a la fascinación. Quedó solamente, el deseo como único guía. El hombre se ha vuelto incapaz de ver la realidad o el alma de las cosas, porque se había puesto un cuerpo físico con un cerebro humano, el que estando influido por el deseo, obró como un velo para su conciencia Divina, oscureció su vista interna y entenebreció su mente, que la luz de la verdad no pudo penetrar y llegar hasta el y por eso todo fue falsamente coloreado para su entendimiento mental.

Este velo qué cubre la realidad, la luz interna, fue llamado por los ocultistas y masones, cuerpo de deseo, cuerpo astral, guardián del umbral, fantasma del umbral y varios otros nombres, que impide al intelecto que entre al santuario, o la logia, espantándolo con la espada flamígera de luz y fuego de la verdad. Pero no debemos adelantarnos en descifrar el simbolismo antes de terminar la explicación del Génesis.

El hombre al ver todas las cosas, oscurecidas por el deseo y esa oscuridad le conducía al error, al sufrimiento, al dolor, se despertó en él la añoranza a su estado Edénico; porque su mente le engañaba en cada ,momento, puesto que era como un lente imperfecto, dislocaba y alteraba todo; la luz de la verdad era para él una neblina o un espejismo.

El intelecto formó el cuerpo de deseos, que interpreta y representa falsamente, a la conciencia, toda imagen, idea e impulso inspirado por el Yo Soy interno, y atraía de afuera todas las impresiones.

Y cuando esas falsas visiones, inspiradas por el deseo, causaron muchas caídas y muchos trastornos y sufrimientos, el hombre, gradualmente, perdió la confianza en sí mismo -en el Yo Soy Interno- y comenzó a buscar algún amparo, y centrar sus esperanzas en algún Maestro, o santo para librarse de sus sufrimientos.

Estos disgustos, errores y sufrimientos fueron llamados: EL MAL.

Pero cuando el deseo no causa ningún sufrimiento, entonces es llamado EL BIEN.

Experiencias malas o buenas no son más que incidentes creados por el deseo, para despertar en el hombre ciertas facultades que le permitirán reconocer la Verdad que está en él y dentro de el.

El mal no es más que el aspecto positivo del Fruto del deseo que fascina la vista física, y por la dulzura del primer bocado, que incita a la saciedad, produce efectos dañinos que se manifiestan y se convierten en una maldición, trayendo una desilusión final. En este estado, vuelve el hombre avergonzado, y humillado al verdadero ser, dentro de sí, mediante la nueva conciencia, así despertada; entonces comenzará el hombre a pensar como el hijo pródigo, en volver a su Padre y pedirle perdón; a entrar nuevamente a su interior; a ser admitido como neófito en la logia, cuyo símbolo, como hemos dicho anteriormente, es el Paraíso, el Estado Edénico, el estado espiritual, el templo (le Dios; el corazón; el Reino del cielo.

Durante edades, el intelecto vivía del fruto del llamado árbol del conocimiento; durante edades el hombre externo sufría y gozaba por las consecuencias que causaban en él sus frutos llamados en términos relativos: Bien y Mal, según los diferentes puntos de observación; pero en realidad no son más que dos aspectos externos de una verdad interna y central.

Cuando la conciencia, acrisolada con el fuego de los sinnúmeros de sufrimientos y dolores, año tras año, vida tras vida, siglo tras siglo, entonces empezó a despertar, a ver y comprender que se había alejado mucho del Padre interno; del centro de la vida, simbolizado físicamente por la logia. Cansado y sufrido por la separación de la Única y sola Realidad Interna, entonces anhela la vuelta al lugar paterno, se desnuda tomó el neófito del uso exterior y de todo lo que pueda distraerle en el mundo físico; se presenta ciego de ignorancia ante el Templo para recuperar nuevamente, su puesto perdido por medio de la iniciación interna.

Pero para obtener y recuperar lo perdido, por causa de sus deseos, tiene que vencer muchas dificultades, entre ellas es el Querube con la espada que despide llamas, el fantasma del umbral, el Guardián del Templo, el cuerpo de deseos. Todos estos nombres designan a la conciencia, aquel atributo en el hombre que desempeña el papel de juez y fiscal al mismo tiempo.

Aquel severo juez interno, cuya sentencia no admite apelación alguna, que aleja del paraíso, del Estado edénico al intelecto y los sentidos impregnados por los malos deseos. Este guardián del Templo Interno no permite la entrada sino a aquellos que han sufrido la muerte iniciática despojándose de todo deseo y sentido externo para librar al espíritu de las cadenas terrestres.

A ambos lados de esta puerta, unos tres pasos hacia el frente, se levantan dos columnas aisladas, de orden Corinto, cuyos capiteles se hallan coronados, por tres granadas entreabiertas, distinguiéndose cada una de dichas columnas por un nombre misterioso, cuya inicial (J.·. y B.·.) llevan esculpida en el fuste. Estas dos columnas del Templo de la Sabiduría, que es el hombre, son el símbolo del aspecto dual de toda nuestra experiencia en el mundo terrestre. Es la dualidad de nuestros órganos. Son los dos lados derecho e izquierdo de nuestro cuerpo, son los dos sexos, son los dos principios positivos y negativos que integran al hombre; son por fin Actividad, Inercia-Espíritu, Materia-Esencia, Sustancia-Azufre y Sal representados en el cuarto de reflexión.

El aspecto dual del Universo y del mismo Primer Principio que lo origina se encuentra, en las (los columnas al occidente y al ingreso del Templo Místico, es necesario que este aspecto sea superado.

Al oriente las dos columnas, representadas por el sol, y la luna, se unifican en el Delta, como hemos visto anteriormente. Lo que llama la atención en ciertas logias y ritos, es la variada colocación de estas dos columnas; mientras unos colocan la columna J.·. a la derecha otros la sitúan a la izquierda y viceversa.

A pesar de nuestro profundo respeto a las ideas ajenas; no podemos quedarnos callados sobre el particular:

Hemos visto que las dos columnas representan los dos principios: positivo o activo y negativo o positivo; pero ¿Cuál es el lado positivo y cuál es el lado negativo en el hombre? Todo ocultista sabe que el derecho es el positivo y el izquierdo es el negativo. Las mismas iniciales J.·.y B.·. indican claramente en la cábala los dos principios. J.·. tiene el mismo valor que Yod simboliza el hombre, el positivo, el activo; mientras que B.·. es la mujer el agente negativo, el pasivo. De esto se deduce que la columna J.·. debe ser siempre a la derecha del recipiendario y B.·. a su izquierda.

Inmediato a estas columnas, al extremo occidental de los lados del Norte y del Sur del Templo, se colocan, sobre un pequeño estrado, el bufete y el sitial para los Vigilantes, con un pequeño mazo (mallete) de encima.

La situación de los Vigilantes varía también según los ritos. En el Rito francés el Primer Vigilante se coloca junto a la columna B.·. y el Segundo Vigilante junto a la columna J.·. mientras que en el Rito escocés el Primer Vigilante tiene su asiento junto a la columna J.. y el Segundo Vigilante en muchos templos se coloca vis a vis del primero, junto a la columna B.·..

Los dos vigilantes del Templo, o del cuerpo, como ya hemos dicho en otra parte, representan con el Venerable los tres atributos de la Divinidad: Omnisciencia, Omnipotencia y Omnipresencia. Son las tres grandes columnas que sostienen a la Logia (distintas de las dos que se encuentran al Occidente) o los tres atributos y poderes que sostienen al cuerpo humano: Sabiduría, Firmeza y Belleza. Entonces los dos Vigilantes son los dos ángulos del Triángulo que forma el cuerpo humano. El Ven.·. el primero y el Seg.·. Vig.·. se sientan respectivamente al Oriente, al Occidente y al Mediodía, es decir, en donde se manifiestan respectivamente las tres cualidades.

A ambos lados, a lo largo del templo, de Oriente a Occidente, hay una o más filas de asientos, a las que se da el nombre de columnas. Los asientos de la izquierda forman la columna del Norte, que está destinada a los Aprendices y los Compañeros; los asientos de la derecha constituyen la columna del Sur o el Mediodía y ésta es la de los Maestros.

En otra ocasión se ha dicho que el lado izquierdo y el cerebro izquierdo constituye la parte negativa en el cuerpo humano. Es en el cerebro izquierdo donde se alojan las ideas negativas y los átomos del mal donde están en pugna con los que llamamos bien. La trilogía cuerpo, encierra a ambos principios y los átomos negativos representan a los aprendices que tienen cine sentarse en la región menos iluminada por el sol, por ser todavía incapaces de afrontar la plena luz del Mediodía, en donde se colocan los maestros que guían a los primeros.

Al extremo oriental de la columna del Mediodía, se halla el bufete del honorable Tesorero, y frente a éste en el lado opuesto correspondiente a la columna del Norte, tiene el suyo el H. Hospitalario. El Tesorero representa en el hombre lo que llaman los ocultistas cuerpo causal; átomo simiente, memoria que reúne el fruto de la acción, mientras que el Hospitalario es aquella facultad del hombre que representa la fraternidad y la caridad.

E’, altar del Venerable Presidente y los bufetes de los vigilantes, y en muchas logias también el de los demás oficiales, se hallan cubiertos de ricos y rozagantes tapetes de terciopelo, iguales al dosel, galoneados y guarnecidos de estrellas, y pasamanería de oro y plata, según sea el color del rito.

La iluminación (le los templos suele ser espléndida por lo general, sin que respecto a este particular pueda decirse que se siga ninguna regla fija. El ritual prescribe que en todo templo deben destacarse tres luces de obligación, colocadas una al Este de las gradas del Oriente; la segunda junto al Primer Vigilante, y la tercera al Sur. Por lo común, estas luces montadas en trípodes o candelabros, suelen agruparse junto al altar de los juramentos. En el centro de la logia, sobre el pavimento de mosaico, debe haber un cuadro que contenga el trazado gráfico de la Logia. Este cuadro pintado en tela, que se extiende en el momento de abrir los trabajos y se retira tan pronto como terminan.

Este cuadro es el símbolo de nuestro cuerpo y representa gráficamente, para ayudar a la comprensión, los misterios que se encierran en nosotros. El cuadro representa:

Las siete gradas del Templo y el pavimento del mosaico.

Las dos columnas de la Orden con el monograma de su nombre J.·. y B .·. y entre éstas, a la altura de los capiteles, un compás abierto con las puntas hacia arriba.

Sobre la columna J.·. la plomada y sobre la columna B.·. el nivel. La plomada representa el progreso individual desde abajo hacía arriba, y el nivel representa la línea recta que es la relación no interrumpida entre los dos infinitos, es decir, que los pensamientos, aspiraciones y acciones del hombre, deben ser modelados sobre una línea recta, en sentido opuesto a la gravedad de las tendencias inferiores.

A la izquierda de la Columna J.·. la piedra tosca o en bruto, símbolo del cuerpo material del hombre, que no obtuvo ningún conocimiento, a la derecha de la columna B.·. la piedra cúbica piramidal o puntiaguda, que representa al hombre perfecto, o aquel que trabaja en la perfección de sí mismo. Entre ambas columnas la puerta del templo.

Al pie del cuadro una plancha de trazar (tablero o pizarra) y en la parte superior una escuadra, en el centro con la imagen del Sol a la derecha, y la de la Luna, en cuarto creciente, a la izquierda.

Tres ventanas, una al Occidente, otra al Oriente y la tercera al mediodía. En otras logias el templo no tiene ventanas: esto significa que no recibe luz desde el exterior, sino desde el interior. Por esta razón tiene que clausurarse herméticamente al mundo profano, y su puerta está vigilada constantemente por el Guardatemplo, armado de espada, símbolo de la vigilancia que constantemente debemos ejercer sobre todos nuestros pensamientos, p abras y acciones, para hacer de ellos un uso constructivo y progresar  continuamente en el sendero de la Verdad y la Virtud

En el fondo, el cielo tachonado de estrellas y todo el cuadro está circuido por el cordón anudado que prescriben los rituales. Todos estos símbolos fueron explicados anteriormente.

 

 

Iniciación del Primer Grado

El lector no debe olvidar el íntimo significado y el valor de cada uno de los símbolos que hemos encontrado en el templo masónico y su estrecha relación con el cuerpo físico y el hombre en general. Por medio de este estudio veremos cómo las características fundamentales de la masonería expresadas en el simbolismo y la ceremonia de recepción del primer grado del aprendiz, no son más que una copia fiel y exacta de lo que acaece invisiblemente en el misterioso ser llamado HOMBRE.

 

 

 

Significado de la Iniciación

En otro lugar se ha dicho que la palabra iniciación es derivada del latín INITIARE, y tiene la misma etimología de INITIUM “inicio o comienzo”, viniendo las dos de INIRE “ir dentro o ingresar”. Entonces la palabra INICIACION tiene el doble sentido de “COMENZAR O IR DENTRO”.

En otras palabras, iniciación es el esfuerzo que realiza el hombre para ingresar nuevamente, para ir dentro de sí mismo, en busca de las verdades eternas que nunca fueron sacadas a la luz, al mundo externo. Iniciación es equivalente a religión de RE-LIGARE: ligarse nuevamente; es la vuelta del hijo pródigo, al seno de su Padre, después de haber errado largo tiempo en el mundo material, sufriendo miserias y hambres.

El iniciado es el ser que conoció su error y volvió a ingresarse al interior de su casa paterna; mientras que el profano queda fuera del templo de la Sabiduría lejos del real conocimiento de la verdad y la virtud, siguiendo la satisfacción de sus sentidos externos.

Así pues este Ingreso (INICIACION) no es, ni puede considerarse únicamente como material, ni es la aceptación de una determinada asociación, sino como ingreso a un nuevo estado de conciencia, a una manera de ser interior, de la cual la vida exterior es un efecto, y consecuencia. Es el renacimiento indicado por el Evangelio; es la transmutación del íntimo estado del hombre, para efectivamente iniciarse o ingresar, en una nueva vida que caracteriza al verdadero INICIADO, y no como se suponen muchos que pueden llamarse iniciados desde el momento que comienza su Iniciación. La Iniciación es el renacimiento iniciático, o sea, la negación de los vicios, errores e ilusiones que constituyen los metales groseros o cualidades inferiores de la personalidad, para la afirmación de la Verdad, de la Virtud y de la Realidad, que constituye el Oro puro de la Individualidad, la perfección del Espíritu que se expresa en nosotros a través de nuestros ideales elevados. Todo hombre de buena voluntad, bueno y santo es el verdadero Iniciado, sin tener necesidad de pertenecer a una Orden externa; puesto que es un miembro de la FRATERNIDAD BLANCA SUBJETIVA.

 

El cuarto de reflexión

Toda logia debe tener un local especial llamado cuarto de reflexión.

Todo hombre al cerrar los ojos, se halla en su cuarto de reflexión, con su aislamiento, y la oscuridad que representa, es el período de las tinieblas de la materia física que rodean al alma para su completa maduración. El cuarto oscuro de la reflexión es el símbolo del estado de conciencia del profano que anda, en las tinieblas y, por esta razón se encuentran en el los emblemas de la muerte y una lámpara sepulcral. En este local, pintado de negro, figurando una catacumba, rodeado de los símbolos de la destrucción y de la muerte, se coloca un taburete y una mesa cubierta con tapete blanco, sobre la cual hay una calavera (muerte), algunos mendrugos de pan (insignificancia que tratan de obtener los cinco sentidos), un plato de ceniza (el fin de la materia); un reloj de agua (el corredor del tiempo que lo envuelve todo); un gallo (el deber de ser vigilante y alerta), un tintero, plumas y algunas hojas de papel para escribir su testamento; cuyo significado será explicado en otro lugar.

El recinto se halla alumbrado por la débil luz que despide la lámpara sepulcral (lámpara de los conocimientos físicos adquiridos por la mente carnal); en uno de los ángulos se ve un ataúd junto a una fosa abierta, o un hipogeo abierto también, en una de las paredes, dejando ver a un cadáver amortajado (como debe el iniciado contemplar a su cuerpo físico). El cuarto de reflexión significa aquella crisis, aquella lucha entre el cuerpo y sus deseos con el espíritu y sus ideales; este cuarto negro y oscuro es el mismo cuerpo que sirve de prisión, de tumba y de ataúd al verdadero Ser Interior. Por esta razón, cerca de los emblemas de la muerte se hallan también, ciertas inscripciones en las paredes cuyo objeto es levantar la fuerza y desarrollar la voluntad en el neófito.

Al ingresar a este cuarto el candidato tiene que despojarse de los metales, tiene que volver a su estado de pobreza edénica, la desnudez adánica, antes de cubrirse con la piel de todas aquellas adquisiciones, que le fueron útiles hasta ahora para llegar a su estado actual y que son obstáculos para volver a su estado primitivo. Debe apartar todo deseo, ambición, codicia en los valores externos, para conocerse a sí mismo; entonces, en su interior, hallará los verdaderos valores espirituales. Dinero, bienes, ciencias, son vanidades ante el conocimiento de sí mismo.

El candidato debe ser libre y despojado de los metales: cualidades inferiores, vicios y pasiones de su intelecto, de sus creencias y prejuicios; debe aprender a pensar por sí mismo y no seguir, como ciego, el conocimiento y creencias de otros; por último el cuarto de reflexión significa el aislamiento del mundo exterior para poder concentrar en el estado íntimo; en el mundo interior a donde deben ser dirigidos nuestros esfuerzos para llegar a la Realidad. Es el “conócete a ti mismo” de los iniciados griegos.

Es la fórmula hermética que dice: “Visita el interior de la tierra: rectificando encontrarás la piedra escondida”. Es decir, desciende en las profundidades del ser y encontrarás la piedra filosofal que constituye el secreto de los sabios.

Así como los huesos e imágenes de la muerte que se hallan representados en las paredes del cuarto, indican la muerte simbólica del neófito, para renacer en el mundo del espíritu e indica la muerte aparente de la verdad en el mundo externo; así también las inscripciones que cubren las paredes del cuarto indican los consejos del Ser interno, que tienen por objeto guiar al hombre a la verdad y al Poder.

Estas inscripciones son varias, citaremos algunas de ellas:

“Si una vana curiosidad te conduce aquí, márchate.’

“Si rindes homenaje a las distinciones humanas, vete, porque aquí no te conocen.”

“Si temes que te echen en cara tus defectos, no sigas adelante.”

“Espera y cree… Porque entrever y comprender el infinito, es marchar hacia la perfección.”

“Ama a los buenos; compadece y ayuda a los débiles; huye de los embusteros, y no odies a nadie.”

“El hombre más perfecto, es aquel que es más útil a sus hermanos.”

“No juzgues ligeramente, las acciones de los hombres, alaba poco, adula menos y no censures ni critiques nunca.”

“Lee y aprovecha; mira e imita; reflexiona y trabaja; procura ser útil a tus hermanos y trabajarás para ti mismo.” “Piensa siempre que del polvo naciste y en polvo te convertirás.”

“Naciste para morir.” Etc., etc., etc….

Todos estos consejos en el cuarto de reflexión y las demás figuras tétricas nos demuestran que dentro del hombre se hallan la muerte y la vida, el dolor y la dicha; el engaño y la iluminación; mientras que los cinco sentidos ofrecen la muerte, el espíritu depara la vida eterna.

 

El grano de trigo

El candidato a la perfección tiene que pasar por cuatro pruebas, a saber: las de la tierra, agua, aire y fuego. Esto quiere decir que debe triunfar sobre los cuatro cuerpos o cuatro elementos que componen su ser físico, para poder llegar a la Divinidad; a su debido tiempo serán explicados.

El cuarto de reflexión es la prueba de la tierra. Entre los objetos que se encuentran en aquel cuarto es el grano de trigo. El iniciado es simbolizado en el grano de trigo, echado y sepultado en el suelo para que germinara y se abriera, con el propio esfuerzo, su camino hacia la luz. El Espíritu en el está sepultado como el grano de trigo; el Yo Soy está preso en el cuerpo y está esperando despertarse y manifestarse a la luz del Día del Señor. Así como la semilla germina el ser, echada en la tierra, después de una muerte aparente, así también el hombre, comparado a la tierra, se halla en él latente el Espíritu divino en espera de manifestación perfecta; la semilla mora un tiempo en el seno de la tierra, para germinar; el hombre debe aprender del grano de trigo, a concentrarse en el silencio del alma, aislándose de todas las influencias exteriores, y morir para sus defectos e imperfecciones, a fin de germinar y manifestarse a la nueva vida.

 

 

El pan y el agua

Estas se encuentran en la mesa del cuarto y son la continuación del símbolo anterior; así como el labrador siembra, riega, cuida, cosecha, muele, amasa para formar del trigo un pan; así el iniciado debe imitar el mismo ejemplo del labrador, en su propio cuerpo, debe de educarle, limpiarle, formarle y presentarle como el pan de sacrificio y decir como el Divino Maestro: Este es mi cuerpo, comedlo.

 

La sal y el azufre

Otros dos elementos se encuentran en el cuarto de reflexión: dos saleros, respectivamente con sal y azufre.

Ya se ha dicho antes que el azufre es símbolo de la energía activa, el principio Creador. La sal muestra la energía pasiva, femenina o maternidad. Estos principios corresponden a las dos columnas; a los dos polos del cuerpo humano y a los dos primeros grados de la masonería.

Sal y Azufre son las dos polaridades en el individuo: espiritual y material; expansión y gravedad. El candidato debe encontrar el equilibrio, un equilibrio muy distinto del que prevalece en el mundo profano, es un equilibrio entre el esfuerzo y la vigilancia, en el mundo interno del Espíritu, para poder manifestarlo en el externo. El esfuerzo vigilante y la firmeza perseverante son las dos cualidades que ‘necesita el futuro iniciado; este símbolo se completa también con la figura del gallo y la clepsidra o reloj de agua; representan la Vida del Espíritu que domina al tiempo y a la destrucción de toda forma exterior.

 

El testamento

En el cuarto de reflexión el candidato debe hacer su testamento. Este testamento difiere del testamento profano en que éste último es una preparación para la muerte eterna, mientras que la primera es la preparación para la vida nueva; porque la muerte ya no es fin para el iniciado, sino el principio de la vida y el mismo candidato será el ejecutor. . El que debe morir para sus pasiones y deseos bajos, hace testamentos como el muerto profano y, al morir para sus pasiones físicas, renace a la nueva vida en donde debe cumplir sus deberes para con Dios, para consigo mismo y para con sus semejantes: tres preguntas que se hallan en el testamento.

 

Preparación

Antes de ser admitido en el Templo interior, representado por el Templo exterior en, el cuarto de reflexión, en la soledad de la conciencia, se les prepara de esta manera: los ojos deben ser vendados, se le pone una cuerda al cuello y se le hace descubrir el pecho por el lado izquierdo, la rodilla derecha y el pie izquierdo.

La venda es el estado de ignorancia o ceguera en el mundo profano; en el cuerpo físico, ceguera de los sentidos. La cuerda es el estado de esclavitud a las pasiones; también nos recuerda el cordón umbilical del feto en el vientre de la madre, un ser sin individualidad. La desnudez del corazón de todo prejuicio, odio y convencionalismo, que impide la sincera manifestación de los sentimientos. La desnudez de la rodilla derecha simboliza la vanagloria, el orgullo intelectual que impide la genuflexión o la inclinación de la rodilla ante el altar de la VERDAD. La desnudez del pie izquierdo es la marcha en el sendero, la marcha hacia el templo para llamar a su puerta en busca de luz y de Verdad.

 

La puerta del Templo

La puerta es el símbolo del paso o ingreso. La puerta del templo es la primera estancia en la iniciación interna; para aprender los misterios del espíritu, se debe entrar al templo interior en donde están los ocultos tesoros.

El neófito golpea la puerta del templo tres veces de manera desordenada; quiere entrar, pero no sabe cómo, es inexperto; aunque el templo Interior está abierto siempre para aquellos que buscan la verdad y piden luz. El Cristo está esperando a aquel que toca la puerta del templo para abrir.

Entrar al Templo con los ojos vendados nos sirve para indicar que en el Templo de la sabiduría no pueden servir los sentidos, y que la luz del saber interno es sentida y no vista.

El Guía que conduce al neófito al templo, representa al guía interior que conduce individualmente a todo ser que ansía ir en el camino de la verdad, sin el cual le sería imposible al candidato llenar debidamente las condiciones que se le piden para su iniciación.

Es el Guía que contesta a las preguntas dirigidas desde el interior del templo. “¿Quién es el temerario que se atreve a perturbar nuestros pacíficos trabajos y trata de forzar la puerta del templo o el PORTAL DE HOMBRE?” Contestando: “Es un profano deseoso de conocerla luz verdadera de la Masonería y que la solicita humildemente por haber nacido libre y de buenas costumbres.”

El significado iniciático de esta respuesta es de fundamental importancia: Nadie puede entrar al Templo de la sabiduría si no tiene el firme deseo de conocer la Verdad, hay que solicitar el ingreso con humildad, convencido de su ignorancia y su flaqueza, debe ser también libre de todo prejuicio filosófico, religioso y social porque el orgulloso de su saber humano e intelectual nunca puede ser admitido en el templo interno y por fin debe ser de buenas costumbres, porque las malas costumbres son barreras infranqueables para el adelanto espiritual.

La punta de la espada, apoyada sobre el corazón, es el símbolo del Poder del Verbo y de la Verdad Intuitiva que se manifiesta en lo íntimo de nuestro ser, y si los ojos no pueden ver sin embargo, el sentimiento de la verdad siempre existe. También tiene el significado de que si el candidato entra al Templo del Saber por curiosidad o para la adquisición de poderes, la espada flamígera de la verdad le aniquila.

 

Interrogatorio del candidato

El interrogatorio del candidato, al ingresar al Templo, es el examen de sus meditaciones en el cuarto de la reflexión. ¿Cuáles son sus deberes hacia Dios, hacia sí mismo y hacia la humanidad?

¿Cuáles son sus ideas sobre el vicio y la virtud?

Estas preguntas son la explicación de lo que contestó el Guía por el candidato. El vicio es la esclavitud, la cadena que obstaculiza al hombre, y siendo esclavo de su vicio “NO PUEDE SER LIBRE Y DE BUENAS COSTUMBRES”; entonces debe convertirse en virtuoso.

La virtud de VIR, Vira Viril: Fuerza, virilidad, poder en el sentido moral del hombre que, por medio de sus “esfuerzos personales” domina los vicios o debilidades.

El verdadero masón es aquel que establece el dominio de lo Superior sobre lo inferior, he aquí el programa de todo iniciado en la Verdad y en la Virtud.

 

El primer viaje

El viaje significa el esfuerzo que hace un hombre para adquirir su objeto.

En la ceremonia del primer grado debe el candidato realizar tres viajes: el primero está lleno de dificultades y se presenta con muchos peligros y ruidos; representa la prueba del agua o la dominación del cuerpo de deseos y su purificación. El Guía o Cristo le enseña lo bueno y lo verdadero, y el candidato debe ser dócil a sus insinuaciones e instrucciones. La dirección de este viaje es de occidente a oriente por el lado Norte. El Occidente es el mundo sensible y material; es la parte inferior del cuerpo humano en donde residen los fenómenos objetivos del universo; la Verdadera Luz se halla en el puesta, como cuando se pone el Sol; se halla Velada como Isis y el Iniciado debe revelarla por sus esfuerzos.

La realidad y la Luz nacen en el Oriente o cabeza del Hombre, es allí en donde brilla con todo resplandor.

El viaje comienza desde el occidente, es decir, desde su conocimiento objetivo de la realidad exterior, el hombre se encamina por la oscura noche del Norte en busca de la VERDADERA LUZ en el oriente; no deben asustarle la oscuridad, ni las dificultades que encuentre en su camino para llegar a la LUZ. Una vez que llega al Oriente, mundo de la luz, no debe detenerse allí sino debe regresar al Occidente con la conciencia iluminada que le permite enfrentarse, con más serenidad, con las dificultades y prejuicios del mundo, que ya no tienen poder para hacerle desviar de su camino, porque ha purificado su cuerpo de deseos y dominó sus pasiones por el reconocimiento de la verdad. También tiene otro significado: Una vez que el candidato se halla iluminado, no debe guardar su iluminación para sí, sino debe instruir e iluminar a los demás que se encuentran todavía en el Occidente o mundo material.

 

El segundo viaje

Ya se ha dicho que el cuarto de reflexión representa la prueba de la tierra o el dominio del mundo físico; el primer viaje es el dominio del mundo de deseos, ahora el segundo viaje representa y simboliza el triunfo sobre el cuerpo mental o mundo mental.

Este segundo viaje es más fácil que el primero; ya no hay obstáculos violentos. El esfuerzo hecho en el primero nos enseñó cómo superar las dificultades que se encuentran en el camino de la evolución, una vez dominados nuestros deseos.

El choque de espada que se oye durante este viaje es el emblema de luchas que se desarrollan alrededor del iniciado. Es la lucha individual consigo mismo para dominar su mente elaboradora de los pensamientos negativos. Es el segundo esfuerzo para encauzar la vida en armonía de los Ideales elevados. Es el bautismo del agua practicado por las religiones; es la negación de lo negativo; es la preparación para recibir el BAUTISMO DEL FUEGO o del ESPIRITU SANTO o sea la afirmación en lo positivo.

El Bautismo del Agua, objeto del segundo viaje, es la purificación de la mente y de la imaginación, de sus errores y de sus defectos.

 

El tercer viaje

El tercer viaje representa el Bautismo del Fuego y se cumple todavía con más facilidad que los precedentes, habiendo desaparecidos los obstáculos y ruidos, sólo se oye una música profunda y armoniosa.

Dominando y purificando la parte negativa de su naturaleza que causaba dificultades, el iniciado se familiariza con la energía positiva del fuego, es decir, llega a ser consciente del Poder Infinito del Espíritu que se halla en sí mismo. Es el DESCENSO DEL ESPIRITU SANTO EN LENGUAS DE FUEGO que depura toda traza de errores que dominaban al alma.

Es la prueba del fuego en las antiguas iniciaciones, el elemento más sutil, del cual nacen todas las cosas y en el cual todas se disuelven. Es el dominio del mundo DEL ESPIRITU DE VIDA cuyos linderos tocan el mundo DIVINO.

El descenso del Espíritu sobre el iniciado, con su fuego, hace desaparecer las tinieblas de los sentidos y con ella toda duda y vacilación, dándole esta SERENIDAD IMPERTURBABLE, en la cual el alma descansa para siempre al abrigo de todas las influencias, tempestades y luchas exteriores.

Este fuego es la esencia del AMOR INFINITO, IMPERSONAL, libre de todo deseo, impulso personal que da el poder al INICIADO de obrar milagros, porque se convierta en él en FE ILUMINADA y en Fuerza Ilimitada por haber franqueado por todos los límites de la Ilusión.

 

El cáliz de amargura

Dominados los cuatro elementos o Cuatro mundos, el iniciado debe apurar el cáliz de amargura. Este símbolo nos da mucho que pensar. Muchos ilusionados creen que la ciencia espiritual es un método fácil y sencillo al cual acuden para adquirir poderes, riquezas y comodidades y nunca piensan, ni hubo quien les instruyera que tras de estas pruebas nos espera el abrumador CALIZ DE AMARGURA, al enfrentarse con las desilusiones, de nuestros proyectos y de nuestras aspiraciones. Hasta el mismo Jesús al sentir este estado abrumador de las cosas, clamó; Padre, si es posible, aleja de mí este cáliz.

Pero, el Cáliz no puede alejarse sino que debe ser apurado hasta la última gota. El iniciado debe seguir los pasos de Cristo, cargar sobre sus hombros todas las amarguras de los demás, sufrir la ignorancia, el fanatismo y la ingratitud de todos. Debe llevar este cáliz a sus labios serenamente, y apurarle como si fuera la más dulce y confortable de las bebidas. Entonces se cumple el milagro; la amargura en su boca se convierte en dulzura en boca de los hombres y la Verdad triunfa sobre las ilusiones de los sentidos.

 

La sangre

Una de las pruebas que someten al candidato es la prueba de la SANGRIA. Se le dice que debe firmar un juramento con su propia sangre, esto es signar el pacto con ella. Los herméticos saben muy bien que la sangre es el asiento del- YO o del EGO, es la expresión de, la vida INDIVIDUAL. Mientras circula la sangre en el organismo hay vida; pero cuando se coagula acaece la muerte.

Firmar el juramento con la sangre significa adherirse a la Causa Sagrada eternamente; de manera que este pacto signado con ella no puede romperse ni aun con la muerte. Por tal motivo ningún iniciado puede volverse atrás y aquel que “PONE LA MANO SOBRE EL ARADO NO PUEDE VOLVER LA VISTA ATRAS” si no quiere convertirse en estatua de SAL “como la mujer de LOT”.

No nos es posible revelar más este profundo misterio, porque las consecuencias serán muy dolorosas para nosotros y para las personas que llegan a comprenderlo, solamente podemos decir que el autor del juramento, signado con su sangre, no puede ser, ni dejar de ser INICIADO a voluntad, sino que lo será para siempre y aquel que cree poder cesar de considerarse como tal es porque NUNCA LO HA SIDO. Cuando derramó Cristo su amor por medio de la sangre, firmó el pacto de sangre con nosotros hasta la consumación de los siglos. EL mismo nos enseñó que no debemos jurar ni por el CIELO ni por la tierra, porque sabía el efecto del juramento.

 

El Fuego

Otro símbolo análogo al de la sangre es el fuego. Invitan al candidato a que permita que se le haga con el FUEGO, en el pecho u otra parte, la impresión de un sello, por el cual se reconocen los masones.

Este sello (QUE NUNCA SE APLICO MATERIALMENTE EN LA MASONERIA PERO QUE FUE PRACTICADO ANTIGUAMENTE) se graba con el fuego de la Fe en el corazón del Iniciado; la fe es el único sello por el cual los masones se reconocen entre sí. Es la fe que enciende el ardor del entusiasmo para obrar en armonía con el PLAN DEL GRAN ARQUITECTO, y cooperar conscientemente.

 

La ayuda en la cadena de unión

Finalmente y para dar prueba de su altruismo se le invita al candidato a ingresar en la cadena de unión, mediante una oferta voluntaria, para ayudar a los necesitados. Antiguamente daba todo por los demás y esta escena se repitió en el tiempo de Cristo cuando le preguntó aquel rico: Maestro ¿qué haré para ser perfecto? Y el Maestro le contestó: Vende tus bienes y repártelos entre los pobres.

 

El juramento

El juramento es la obligación que debe prestar el candidato delante del ara (su corazón altar de DIOS); sigue con los ojos vendados (que no pueden todavía ver la luz), arrodillado sobre la rodilla izquierda (no solamente signo de respeto y devoción, sino en esta pose se pone en contacto con las corrientes terrestres que tienden a subir hacia las que bajen desde arriba; el candidato forma el punto de unión entre las dos); la derecha en forma de escuadra (símbolo de la fijeza, estabilidad y firmeza, objetos del juramento; es la preparación para libertarse. Ver el significado de la escuadra en otras páginas anteriores. La mano derecha sobre la Biblia (verdad revelada) y en la izquierda un compás cuyas puntas apoyan sobre el pecho, símbolo del reconocimiento pleno de la armonía. (Ver la explicación del compás).

El juramento se hace en presencia del GRAN ARQUITECTO DEL UNIVERSO y de los hermanos reunidos en la Logia. La presencia del GRAN Arquitecto en el Hombre es la primera condición que debe comprender el candidato; los hermanos que forman con sus espadas una bóveda sobre su cabeza, sin que él pueda verlos con sus ojos físicos, son el símbolo de los protectores invisibles que se hallan interior y exteriormente; que nos vigilan constantemente y nos protegen sin que nos demos cuenta de sus existencias.

Este juramento se contrae libre y espontáneamente con un pleno conocimiento del alma. No se trata de una obligación involuntaria o con amenazas, porque como el masón es libre en el sentido más pleno de la palabra, contrae la obligación o juramento, que lo liga al IDEAL de la ORDEN, con la espontánea voluntad.

 

Obligaciones del juramento

Las obligaciones del juramento son tres, primera: el silencio, una ley importante del hermetismo es no revelar a nadie los secretos de la Orden “no deis las perlas a los puercos”. Al penetrar el hombre al Templo Interno de la Sabiduría, y recibir los fragmentos del Saber Divino, debe guardarlos como un tesoro en su propio corazón por dos motivos: el uno, porque nadie puede comprenderlos y el otro, porque al divulgarlos perderá, con las palabras, la energía interna que es como levadura que fermenta el corazón con aquella sabiduría.

La segunda: no escribir, no grabar o formar algún signo que pueda revelar la palabra Sagrada; esto es el VERBO DIVINO que se halla en todo Ser, porque sacarlo afuera es como quien arranca la semilla de la tierra para ver su crecimiento. El Verbo Divino o el IDEAL DIVINO debe obrar desde el interior hacia afuera y nunca debe ser visto por los ojos de las pasiones, como aquellos que se vanaglorian de sus poderes.

La tercera: es su unión eterna a la Fraternidad Espiritual, a sus ideales, aspiraciones, y tendencias; comprometerse en ayudar a sus hermanos en cada momento; así se da cuenta de que la FRATERNIDAD es un cuerpo y que el es la célula en dicho cuerpo que debe cumplir con sus deberes.

Antes de faltar al juramento, el masón prefiere “tener la garganta cortada y la lengua arrancada de raíz”. Es el castigo simbólico del indiscreto cuando haga uso egoísta de sus poderes; entonces la lengua instrumento del Verbo, le será arrancada, esto es, perderá el poder de la palabra o del VERBO. Su garganta que es la que produce el sonido de la verdad será cortada.

 

La Luz

Una vez que ha cumplido con los tres deberes del juramento será digno de ver la LUZ DE LA VERDAD. Este símbolo se efectúa con hacer caer las vendas de los ojos del candidato, que representa la venda de ilusión, que le impide ver la esencia de VERDAD.

Al principio se queda deslumbrado; después ve a los hermanos con espadas dirigidas hacia él. Estas espadas no son amenazas; porque aquel que ve la luz nunca puede tener miedo a las amenazas; estas espadas demuestran las dificultades que debe afrontar el Iniciado, en el cumplimiento constante de sus ideales; pero el Iniciado no debe nunca renunciar a sus aspiraciones elevadas; por lo tanto los hermanos, al verle firme en su propósito, se descubren, quitando la MASCARA que escondía sus semblantes y bajan las espadas, que significa que las dificultades son vencidas ante la firmeza de la Fe. Es la luz interior que pasa libremente y se derrama sobre el mundo externo’ para esfumar todo temor y toda dificultad.

ES LA LUZ DE LA DIVINIDAD. Es el objeto de iniciación interna: hacer del hombre un Dios.

La masonería acude a todos estos símbolos como para ayudar al intelecto del hombre a comprender la verdad y descubrir qué es DIOS EN DIOS.

 

Consagración

Concluido lo antecedente, el candidato es conducido al ara, delante de la cual se arrodilla sobre la rodilla izquierda, mientras que la derecha está en forma de escuadra; se le hacen confirmar sus obligaciones. (Todo acto debe tener un significado muy profundo. El mero hecho de arrodillarse, tiene un gran significado oculto, porque los centros etéricos físicos, al aplicar la rodilla sobre la tierra, se sintonizan con ciertas corrientes a disposición de los que buscan auxilio en lo INVISIBLE. La oración con la posición del hombre arrodillado, no sólo ayuda al que ora, sino, hasta cierto punto, es reservado de las influencias perniciosas que pueden dominarlo en cualquier otra posición que adopte el cuerpo.)

(Pedir de rodillas es una frase que se repite a cada momento; porque los antiguos que nos dejaron esta frase, comprendían la eficacia de la petición estando de rodillas. Ya hemos explicado en otro lugar el significado de la escuadra y no es menester repetir aquí el significado de la pierna derecha que toma la forma de escuadra.)

(Cuando el candidato cumple con sus obligaciones y se arrodilla ante el altar, que es su corazón, en donde reside el verdadero Maestro, el YO SOY, el Átomo NOUS, el Cristo, entonces Este que es representado por el V. M., toma la espada flamígera apoyándola sobre la cabeza del recipiendario, pronuncia la fórmula de la consagración, acompañada por los golpes misteriosos del grado.) Hecho esto, le hace levantar y lo abraza, dándole por primera vez el título de hermano, y le ciñe el mandil diciendo:

“Recibid este mandil, distintivo del Masón, es más hermoso que todas las condecoraciones humanas, porque simboliza el trabajo que es el primer deber del hombre y la fuente de todos los bienes, el que os da derecho a sentaron entre nosotros, y sin el cual nunca debéis estar en la Logia.”

(La espada flamígera es el símbolo del Poder Divino. El poder creador se halla en el hombre, pero actualmente en la humanidad es un poder limitado.)

El Poder de la creación se manifiesta en la parte inferior de la espina dorsal en donde reside el enemigo secreto del hombre. El hombre está esforzándose para unirse con el propio Íntimo o según la parábola de la Biblia; ansiaba regresar al EDEN, al paraíso; después de ser arrojados como rebeldes y “Dios puso en el oriente del mismo Jardín del Edén unos querubines, que lucían doquiera una espada flamígera para custodiar el Camino del árbol de la Vida”.

La Espada del PODER que se halla en manos del Maestro que reside en el cerebro del hombre impide a los rebeldes átomos destructivos acercarse a la fuente del Saber divino para no tergiversarlo en malo según sus propios deseos; pero desde el momento en que se arrodilla ante el Maestro Interno; ante el Altar del sacrificio; el Maestro Íntimo lo consagra como discípulo suyo tocándolo con la espada Flamígera, con toques misteriosos, para transformarlo en ayudante servidor y hermano en el Trabajo de la OBRA.

El mandil es la túnica de la piel, a la que hace mención la Biblia o el CUERPO FISICO con su conciencia espiritual (Adán), y su reflejo personal (Eva) que fueron arrojados del estado edénico; mental interior, fueron llevados a la tierra, mundo físico para trabajarlo y expresar en la materia las cualidades divinas, y adquirir en la tierra experiencias que transforman al hombre en maestro.

El mandil es el cuerpo físico, es la túnica de piel, es la parte que aísla al espíritu Interno y oculta su Luz a los ojos físicos.

Colocar el mandil significa aislar al corazón del mundo físico durante los momentos del trabajo espiritual, durante la comunión con el Padre que se halla en el interior.

 

Los guantes

Se le da al recién iniciado dos pares de guantes, uno para él y otro para que le ofreciera a la mujer más amada.

Los guantes blancos son símbolos de las buenas obras, o sea, para expresar lo divino en nosotros sin mirar el fruto de las obras.

Con el otro par de guantes para la mujer, quiere mostrar que la mujer compañera del hombre tiene derecho a participar de los beneficios de la Orden, aunque, hasta ahora, en algunas logias le niegan estos derechos.

También los guantes según nosotros tienen otro significado más trascendental: es amar a Dios con todas las fuerzas. Los guantes son como el mandil, aisladores. En algunas religiones se enseña que para orar se debe cruzar los brazos; la masonería ofrece al iniciado un par de guantes.

El hombre irradia la energía por los dedos de las manos; pues para amar a Dios con todas las fuerzas se cruza los brazos sobre el pecho para conservar esta energía, en sí mismo, que le ayuda mejor a la adoración al G. A. D. U. Los guantes tienen por objeto conservar esta energía en el hombre para la mejor expresión de la Verdad en el momento necesario.

 

La palabra

Habiendo sido consagrado aprendiz masón el neófito está ahora en condiciones de que se le comunique la palabra sagrada y la manera de darla.

El primer versículo del Evangelio de San Juan nos da el significado y la clave de la palabra. En el principio era el Verbo, o sea la Palabra. Es la contestación de la verdad de que todo se manifiesta desde un Principio Interior o espiritual, llamado ”. Verbo o Palabra; es decir afirmación creadora de su realidad que lo hace venir a la existencia o manifestarse desde un estado de inmanencia latente o potencial.

En el principio era el Verbo, es una frase que nos demuestra el origen espiritual de todo lo que vemos, o se presenta de alguna manera delante de nuestros sentidos. De todo, sin distinción, se puede decir que, en el principio (o en su origen) era o fue Verbo, Palabra, Pensamiento o Afirmación Creadora que originó. Y corno el Verbo, Palabra o Pensamiento no puede ser sino una manifestación de la Conciencia, toda cosa exterior tiene un origen interior, en el Ser, en donde tuvo nacimiento primero como causa, cuyo efecto vemos.

Todo lo que se manifiesta debe haber tenido su origen de un pensamiento, deseo, aspiración, afirmación o estado de Conciencia. El Universo desde el principio tuvo el ser en el No-Ser que es el fundamento de todo lo que existe; espacio y tiempo no son más que laboratorios del Verbo.

Es, pues, de importancia trascendente lo que el hombre dice, piensa o afirma en si mismo: con este solo hecho participa conciente o inconscientemente del poder creador universal del Verbo y su obra constructiva.

El primer grado del aprendiz tiene el privilegio de desarrollar el poder del Verbo, sabia y conscientemente en el iniciado. Aprender el recto uso de la Palabra: he aquí la tarea fundamental que le incumbe al masón. Con esta disciplina hace que su actividad sea constructiva y en armonía con los planes del G. A., es decir de los principios universales de la Verdad.

Hay, pues, una palabra sagrada, distinta de todas las palabras profanas que son nuestros errados pensamientos negativos y juicios formados sobre la apariencia exterior de las cosas; la palabra sagrada es el Verbo, es decir, lo que de más elevado y conforme a la realidad podemos pensar o imaginar, una manifestación de la luz que nos ilumina desde el interior. Es nuestro ideal y nuestro concepto de lo que hay de más justo, bueno, hermoso, grande, noble y verdadero; conformando nuestras palabras a este Verbo, pronunciamos la Palabra Sagrada y decretamos su establecimiento. Pues como se dijo: “Decretarás una cosa, y ésta será establecida en ti”.

La Palabra Sagrada, dada por el V. M. que se sienta al Oriente simboliza la Palabra Sagrada dada individualmente, a cada uno de nosotros, por el Espíritu de Verdad, por el Íntimo YO SOY que igualmente se sienta o mora al Oriente u origen de nuestro ser. También representa la instrucción verbal que se da en la logia (o lugar donde se manifiesta el Logos o Palabra) y que siempre debe partir del Oriente para ser efectiva, es decir, de lo que cada uno puede pensar individualmente de más noble y elevado. Debe ser luz inspiradora y vida como la luz del sol que sale del Oriente.

A semejanza de la Palabra Sagrada que se formula al oído, letra por letra, así debe darse la instrucción hermética: se le da a cada uno como primer rudimento, la primera letra de la Verdad, para que meditando y estudiando sobre ella llegue, con su propio esfuerzo a conocer y formular la segunda, que lo hará digno de recibir útil y provechosamente, la tercera. De esta manera ha sido y fue, comunicada la Doctrina Iniciática, en todos los tiempos, siendo el simbolismo masónico la primera letra de la mística palabra sagrada de la Verdad.

Cuando lleguemos a la explicación mística del Ritual daremos el significado particular de la Palabra Sagrada del aprendiz.

La palabra Sagrada, que se da al oído o secretamente, es el símbolo de aquella instrucción sobre los principios de la Verdad que cada aprendiz tiene el derecho de conocer y ser enseñado por los hermanos más adelantados que se hallan en el sendero. La palabra Sagrada que se da al oído o secretamente, es el saber verdadero, que el iniciado recibe de su interior. Es el ejercicio que le convierte apto para el Magisterio de la verdad y de la virtud. Esta instrucción no depende de lo que recibe, sino de lo que encuentra y asimila por sí mismo, con sus propios esfuerzos, es decir del recto uso que hace de la primera regla recibida, como medio para llegar directamente a la verdad.

En esto consiste la instrucción iniciática: obrar siempre y obrar bien para llegar a descubrir las verdades trascendentales cósmicas que están en sí, y no como la instrucción oficial que se contenta en hacer saber al discípulo ciertas opiniones intelectuales que, muchas veces, son más perjudiciales que útiles. La ciencia de la Verdad debe ser sentida, vivida y no aprendida.

Cada letra de la Palabra Sagrada debe ser objeto de una reflexión individual; por ejemplo, al meditar en los poderes y significado de la primera letra, el discípulo llegará por sus propios esfuerzos a encontrar la segunda, que es la que debe dar al Instructor, en respuesta a la primera, para que se lo juzgue digno de recibir la tercera que es de un género diferente de la primera.

El hombre correcto que ansía el saber debe practicar primeramente el bien que está a su alcance; entonces la primera práctica le descubre el caminó de la segunda: ayudar al necesitado, consolar al afligido significa dar y como el efecto de dar es recibir, según las leyes Cósmicas, entonces llegaremos a la conclusión de que: quien ayuda será ayudado para dar más, y quien consuela será consolado para aliviar mejor el dolor ajeno.

La Palabra Sagrada tiene tres sentidos. El primer sentido es exterior que determina ciertas enseñanzas por medio del símbolo, la ceremonia y las alegorías, así como las religiones tienen las ceremonias, obligaciones externas y la ciencia en el método experimental con las propiedades exteriores de las cosas.

El segundo sentido es el esotérico que por medio de la reflexión individual, se puede llegar al conocimiento de la Verdad, a la Doctrina interior que se oculta en el simbolismo y en las formas exteriores. El tercero es el místico o secreto entendimiento de la Verdad presentada por las alegorías y los símbolos.

La misma ley rige en el sendero de la Religión como en el del hombre espiritualista, que busca el sentido interior y profundo de los símbolos religiosos y el valor operativo de sus ceremonias, así se llega a entender sus significados espirituales.

El hombre que se dedica al reconocimiento de lo más hondo de las cosas abarca en sí todas las religiones, artes y filosofías y no necesita ningún maestro; bástale su propio Maestro Interno que es Omnisciente, Omnipotente y Omnipresente.

El objeto de la masonería y las religiones es preparar y enseñar al intelecto cómo comunicarse con Su Propio y Único Maestro YO SOY que está ávido por instruir e iluminar al hombre.

 

Los tres años

Los tres años del aprendiz y los tres viajes de la iniciación son el símbolo del triple período que marcará las etapas de su estudio y de su progreso.

Los tres años se refieren particularmente a las tres primeras artes: la gramática, la lógica y la retórica. Antiguamente un aprendiz necesitaba estudiar durante tres años consecutivos estas artes, empleando un año para el dominio de cada una. Como se ha dicho anteriormente el primer grado tiene por objeto desarrollar en el hombre el poder del Verbo y este poder, forzosamente, debe dominar las tres artes indicadas. La gramática es el conocimiento de las letras, es decir principios, signos y símbolos de la Verdad. El aprendiz no sabe leer ni escribir el Lenguaje de la Verdad, sino que se ejerce deletreando, una por una, las letras o Principios. También los tres primeros años tienen relación estrecha con los tres primeros números: El Uno, símbolo de la Unidad Universal; el Dos es la dualidad de la manifestación; el Tres es la Trinidad o perfección.

Letras y números

El estudio de las letras es una parte del arte gramatical. Es el estudio de aquella gramática (del griego gramma que significa letra, signo) simbólica, con la cual debe familiarizarse el aprendiz.

Una vez conocidas las letras, le será posible combinarlas por medio de la lógica y manifestar el Verbo por medio de la retórica.

Pero los signos o letras tienen como todos los símbolos triple sentido: externo, interno y espiritual. Las letras según los ocultistas son formas externas de poderes internos y espirituales.

La primera letra del alfabeto que es A; muestra en su forma los dos Principios o fuerzas primordiales que parten del punto originario y forman el Angulo. Y también el Triángulo que nace del ángulo por medio de la línea horizontal -el tercer principio- que une sus dos lados.

Esta primera letra nos muestra el origen de todo y su progresiva manifestación: la involución o revelación del Espíritu en el reino de la forma o de la materia.

ALEF. La forma hebraica de esta misma letra, cuyo valor numérico es UNO, nos presenta en la línea oblicua central, el Primer Principio Unitario del cual se manifiesta las dos fuerzas o principios en el hombre: ascendente y descendente, o sea centrífugo o centrípeto; masculino y femenino; representados por las dos columnas. Es en sí mismo un signo de equilibrio, en cuanto muestra el dominio de los opuestos y la Armonía producida por su actividad coordinada. En su conjunto muestra la trinidad, es decir la fuerza manifestada por la unidad.

Hasta aquí ha llegado el conocimiento simbólico de la letra A. ¿Pero ha podido alguien descifrar y analizar su sentido interno? ¿Cuáles son las fuerzas que se encierran en la letra A y cómo se debe utilizarlas?

No son muchos les cerebros que pensaron en rasgar el velo denso que oculta los poderes que se encierran en la letra A y en sus compañeras del alfabeto.

Dios creó al Universo por medio del VERBO y el VERBO se hizo carne según número, peso y medida; entonces cada letra que forma una parte de la palabra debe tener su número, peso y medida.

¿Quién ha descubierto el número, peso y medida de cada letra? ¿Quién ha podido utilizarla conscientemente? Dicen que los maestros de la YOGA tienen estos secretos y nos cuentan que algunos en el Occidente han llegado a poseer este inapreciable tesoro.

Nosotros, muy lejos de la pretensión de poseer este tesoro ofreceremos, en lo futuro, develar el misterio de cada letra, su número, peso y medida; según nuestra inspiración interna. Por lo pronto tenemos que seguir en el sentido externo de las letras. La letra B es una clara expresión de la dualidad, de los dos principios superpuestos, que evidencian la Ley de Polaridad: muestra la relación entre el Superior y el Inferior, el Cielo y la Tierra, una relación bien distinta en sus dos aspectos.

En el lado derecho (que es el lado izquierdo de la figura y corresponde a la evolución o revelación del Espíritu en la materia) y derecha del otro lado (el lado ascendente que corresponde a la evolución del Espíritu de la materia). El lado derecho muestra el dominio del hombre y el lado curvo el de la naturaleza.

La forma hebraica de esta letra (cuyo nombre es beth) patentiza igualmente esta relación entre el Superior y el Inferior, el Cielo y la Tierra, relación descendente por un lado y abierta por otro, símbolo de las posibilidades ascendentes que se hallan abiertas para el hombre, mediante el establecimiento de su relación con el Principio de la Vida. Su valor numérico es DOS.

Es una de las letras que forman la palabra sagrada del Aprendiz y a su debido tiempo estudiaremos su relación en dicha palabra.

La tercera letra C, es originariamente la de una escuadra, y como tal se presenta en los alfabetos fenicio y griego en donde tiene el nombre de gamma y el sonido de la letra G.

El símbolo de la escuadra fue explicado anteriormente. En cuanto a la letra en su forma latina muestra un arco, es decir, la tensión dé las energías individuales para alcanzar un objeto determinado. También representa el ciclo descendente de la involución, que debe completarse con la obra individual de la ascensión evolutiva.

En el alfabeto hebraico de esta letra se llamó Guimel (camello) y tiene el valor numérico de tres. Se refiere al verbo perfecto en el ternario, y al progreso individual del hombre, de abajo arriba, porque supone un ser inteligente, un ser que piensa y otro ser que habla. Es el símbolo material de las formas espirituales. Es el cuerpo físico que encierra la divinidad del hombre es el mandil que aísla al hombre de las impresiones externas. La cuarta letra D es representada por un triángulo en varios alfabetos, es del delta en el griego; su nombre en hebreo es daleth, significando puerta. Es el mismo hombre, es la cruz, clave de todos los misterios humanos, es el hombre cruz, la forma material con sus cuatro elementos, inconsciente de su divinidad; su número es cuatro.

El hombre que medita en su cuerpo físico, en su cruz, su propia intuición lo lleva en la escala de la perfección hasta la letra Hé, hasta el pentagrama, hasta la rosa en la cruz.

La letra E o Hei, significa el aliento que anima a todos los seres. Es el espíritu que domina los cuatro elementos. Es, como se ha dicho antes, la rosa -espíritu- floreciente sobre la cruz del hombre. Así como en la Magia, en Pentagrama domina todos los elementos, así también el espíritu del hombre domina todos sus cuerpos inferiores. La letra Hé es representada por el Círculo, según la ciencia antigua y su valor numérico es 5.

Por manera que el aspirante a la sabiduría, el neófito debe conocer el valor de las letras, porque cada letra representa una potencia invisible, debe saber vocalizarlas para sentir sus beneficios y por último debe buscar su propia relación con la relación de las letras.

Por ejemplo: la letra A latina y la hebraica representa la trinidad de Dios y del hombre, es el ternario que forma la unidad de todos los principios, porque todo par opuesto encuentra entrelazado por un principio de armonía y equilibrante.

El Padre y la Madre engendran al Hijo, el azufre y la sal producen el mercurio. El hombre, la criatura perfecta nace de la unión del cielo y de la tierra, realizando la mística unión y la expresión de lo Superior con lo inferior.

Cada letra es una potencia, un poder y una energía en sí misma y se la puede distinguir bajo varias formas.

La letra es un símbolo representativo de un principio Creador eterno que rige la evolución interna de la Creación.

Cada letra tiene un sonido, fuerza que posee el poder de su vibración sutil y que constantemente está vibrando por su propio tono.

Este sonido al vibrar a través de la energía que anima a todos los seres, modela las condiciones de las formas para darles sus arquetipos.

La letra es la representación de una divinidad que tiene íntima relación con la conciencia del hombre.

Vocalizar una letra es llamar a una divinidad por su nombre y atraer su fuerza cósmica hacia sí.

Una Palabra compuesta de varias letras se transforma en instrumento de generación del espíritu, porque se convierte en idea.

Cada pueblo adoptó por sus letras una forma especial que representa la propiedad de su propia deidad, según la sensación con que impresionaban a su mente el atributo y las características de tal deidad.

De manera que si el Hebreo pronuncia o vocaliza la letra A adaptando la forma de su propia letra, alzando la mano derecha hacia lo alto y extendiendo la izquierda hacia lo bajo, obtiene los mismos beneficios que un latino, que, al pronunciar la misma letra adopta la forma latina.

Si cada letra del Alfabeto es un poder, la combinación de varias letras produce una aglomeración de poderes para un fin deseado.

10º El Mantram sánscrito, conservado por los iniciados orientales, no es más que el poder del Verbo sintetizado en una palabra; también las palabras son ciertas formas cabalísticas conservadas en las ceremonias de la iniciación occidental.

11º Toda palabra es una acción y si es acción debe ser útil; hay una vieja leyenda cristiana que nos enseña, que el diablo no puede apoderarse de los pensamientos en tanto que no sean materializados por la palabra.

12º En las escuelas herméticas hay muchas palabras que no tienen sentido para el profano y a veces hasta para los mismos miembros. Estas palabras no son creadas como rompecabezas, según algunos pareceres, sino que los autores de ellas han buscado ante todo, el poder oculto y esotérico de cada una de sus letras, sin ocuparse mucho en lo que puede significar esta palabra en el diccionario de la lengua; así como los inventores del símbolo nunca tuvieron la intención de que su forma debe encerrar únicamente una idea determinada, sino que del símbolo debe emanar la fuente de todas las ideas.

13º El aprendiz, al estudiar las letras de su grado, debe meditar en los puntos anteriores para comprender que la esencia del Verbo o palabra está en el principio; quela luz intelectual es la palabra, que la revelación es la palabra y,que hablar es crear; pero para crear se debe escoger los elementos de la creación y emplearlos con maestría.

14º Dios, dando la razón al hombre, le dio las letras para formar la palabra y pronunciarla.

15º La letra A cuyo valor numérico es uno, es el primer sonido que articula el ser humano y primera letra del Alfabeto, como el número uno, es la unidad madre de. los números. Ambas figuras expresan la causa, la fuerza, la actividad, el poder, la estabilidad, la voluntad creadora, la Inteligencia, la afirmación, la iniciativa creadora, la originalidad, la independencia, lo Absoluto que contiene todo y del cual emanan todas las posibilidades, el hombre rey de la creación que une el cielo a la tierra, la supremacía, la actividad enervante, el deseo incansable de llegar a su fin, etc.

16º Todos estos atributos y muchos más pertenecen a la letra A. Los iniciados, conscientes del poder de la letra, separada o unida a otra para intensificar su fuerza, la entonaban según ritmo especial, para producir una vibración y color apropiado que ayudaban a efectuar un resultado deseado en su propia mente y en la de los demás. Adhiriendo a lo anterior que cada hombre tiene una nota particular aquel que maneja la pronunciación de las letras según su nota o tono personal, obtendrá poderes ingentes. ¡Amados lectores!: Aprended a vocalizar las letras y el provecho se manifestará en vuestros tres mundos: Espiritual, Intelectual y Físico.

Después de leer los artículos anteriores, el amado lector, llega a comprender que la masonería, las religiones y todas las escuelas son fases de la Única ley natural, que rige el Universo Mayor y el universo menor, que es el hombre.

De manera que la masonería es una doctrina que tiene por objeto el despertar del hombre, del sueño de la ignorancia, al cumplimiento de su deber; pero como estos deberes son abstractos, tuvo que acudir a símbolos, emblemas, rituales para que la mente objetiva del hombre pueda sentir algo de lo que es latente, que mora en él.

Todo lo que fue escrito sobre la masonería es solamente la explicación de ciertas ideas; pero si la idea no se manifiesta por acto, es una idea vana, porque la acción es la que manifiesta y comprueba la existencia de la voluntad.

Los rituales de una religión son ideas manifestadas por palabras que cristalizan la voluntad.

El ritual del primer grado es la realización del ideal o del espíritu masónico; es la exteriorización de la divinidad interna en el hombre o en otros términos es un medio para ayudar al hombre a su unión consciente con su Dios Interior, con su Íntimo, fin buscado por todas las religiones esotéricas del mundo e ignorado por las exotéricas.

Aquellos que comprenden que el cuerpo humano es la copia fiel en miniatura de todas las divinidades, de todo lo que existe en el Universo y por tal razón fue llamado Microcosmos, encuentran que el ritual del primer grado es un medio, un escalón que tiene por objeto el acercamiento consciente de la mente humana a su Interno Creador, puesto que esta mente, desde que comenzó a usar sus cinco sentidos físicos, dedicó toda su atención a lo externo y se olvidó de Lo Íntimo e Interno.

En resumidas cuentas, El Maestro de una Logia, al llegar a comprender el espíritu masónico procede a practicarlo por medio del ritual.

Como se ha dicho anteriormente, el templo es el cuerpo humano. “Vosotros sois el templo del Espíritu Santo”, y como “el reino de Dios está dentro de vosotros” todas las facultades del hombre deben replegarse al templo Interno en busca del reino de Dios.

Considerando al hombre igual a un templo cuyo sacerdote es la razón iluminada por la  Sabiduría Divina, insinúa y guía a sus fieles facultades a la adoración de Dios, en el templo interno, procede a oficiar y practicar el ritual de la adoración.

Las Llaves del Reino Interno, Jorge Adoum. Editorial Kier, Buenos Aires, Argentina.

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