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EL PROBLEMA DEL MAL

EL PROBLEMA DEL MAL
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“En el principio existía el Verbo […] y el Verbo era Dios […] Todo fue hecho por él y sin él nada ha sido hecho” (Jn 1,1-3)

Esta es una reflexión muy importante y su no comprensión —o mala interpretación— es la responsable del sufrimiento en el mundo.

Primeramente, es importante comprender que siempre existe una respuesta para la Mente limitada y otra para el Espíritu.

La Mente observa lo relativo. El Espíritu, lo eterno, lo transcendente.

La observación de lo realtivo nos indica que, efectivamente, existe el Mal en el mundo.

La observación de lo transcendiente nos dice que eso que llamamos Mal no es más que el Bien en sus primeros pasos o, como se suele preferir: vibraciones inferiores primigenias de la expresión o manifestación de un atributo divino.

De manera que, cuando observamos algo que calificamos como malo, no es más que la expresión primitiva de algo mayor. Lo que ocurre es que nos falta perspectiva, tanto espacial, como temporal.

En este plano de manifestación tridimensional, la expresión del Poder de Vida es sometida a muchas condiciones limitantes. El Tiempo y el Espacio son dos de las más importantes y notorias de tales condicionamientos.

Muchas veces, la observación poco profunda de las diferentes escenas de nuestras vidas, conduce al estudiante a pensar que el mundo tridimensional es malo. O que el “Mal” habita en él.

Nada más lejos de la verdad.

Si en el Árbol de la Vida, Kether (la Corona) son las raíces, en Malkut (el Reino) encontramos los frutos y el aroma de las flores, la manifestación y expresión de los “deseos de Dios”.

Y eso es algo muy importante a comprender.

Todo lo que pensamos y deseamos. Absolutamente todo. Ha sido “pre-pensado”, “pre-imaginado”, “pre-sentido” en la Mente del Creador, más allá del pasado, del presente y del futuro: en lo que se ha convenido en llamar el “Eterno Ahora”.

De manera que, eso del Mal —ese “problema del Mal”— es más bien algo que sentimos de manera personal y limitada, una respuesta relativa en la que nuestra mente es fijada en una determinada escena o situación y que, mediante nuestra atención y posterior identificación, es por nosotros vivificado y percibido como algo “real”.

Incuestionablemente, la percepción del Mal en un escenario relativo jamás podrá ser admitida como algo real, si de una forma profunda y objetiva, comprendemos que todo lo que está sujeto a la acción del Tiempo y del Espacio, está sujeto al cambio y, por ende, presenta una manifestación relativa e ilusoria.

Desde un punto de vista de la Filosofía Oculta, nada que esté afectado por la dualidad puede ser considerado como real en su sentido más estricto. Solamente lo transcendente es Real, objetivo e inmutable.

Por lo tanto, no exite Bien, ni Mal, sino nuestras conclusiones personales acerca de la expresión y la manifestación exterior de un fenómeno pasajero en un determinado lugar y en un determinado tiempo.

Lo que para nosotros es Bueno y Malo, para el Maestro es MOVIMIENTO y VIBRACIÓN de las cosas en lo Aparente.

Pero entonces, ¿el sufrimiento no es Real?

Por supuesto que para una mente identificada con un problema existe el dolor. Es un dolor pasajero pero es real en lo relativo y, por lo tanto, algo cuantificable y calificable por la mente.

Toda identificación exige un estado de atención en el que nos olvidamos de nosotros mismos como seres atemporales para asumir un rol e unas características muy determinadas. Exige que asumamos una identidad.

Si uno cree que sufre, bien porque compara su experiencia con la de los demás, bien porque los demás le convencen de su infortunio, ese sufrimiento se hace real, aunque sea en lo relativo.

¿Cuántas personas, en el llamado Primer Mundo, dicen sufrir cuando, en realidad, si comparadas con la gran mayoría de la población mundial, claramente podría decirse que son afortunadas?

¿Comprenden porqué el sufrimiento es relativo? Porque cada uno lo establece según sus expectativas acerca del placer o acerca de cualquier cosa.

Podemos observar que lo que es placentero para unos, puede no serlo para otros.

Entonces, ¿qué es placentero? ¿qué es lo deseable?

¿Qué es el Bien y qué es el Mal?

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