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EL MÉTODO CRISTIANO

EL MÉTODO CRISTIANO

En su obra “Las Llaves del reino Interno”, Jorge Adoum describe lo que él entiende son los procesos iniciáticos en la Masonería, en el Yoga, en el Judaísmo, en Egipto.

Cuando nos habla del método Cristiano, sostiene que está resumido en el texto conocido como el Sermón en la Montaña. A continuación, reproducimos dicho capítulo.

 

Capítulo XI

EL MÉTODO CRISTIANO

El Método Cristiano está resumido en el SERMON DE LA MONTAÑA, que se encuentra en el Evangelio de San Mateo, en los Capítulos V, VI y VII.

Capítulo V. Sermón de Jesucristo en la montaña

Y viendo Jesús las gentes, subió a un monte, y después de haberse sentado, se llegaron a él sus discípulos:

Y abriendo su boca, los enseñaba, diciendo:

Bienaventurados los pobres de espíritu; porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que han tenido hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los pacíficos, porque hijos de Dios serán llamados.

10º Bienaventurados los que padecen  persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

11º Bienaventurados sois, cuando os maldijeren, y os persiguieren, y dijeren todo mal contra vosotros, mintiendo por mi causa.

12º Gozáos y alegráos, porque vuestro galardón muy grande es en los cielos; pues así también persiguieron a los profetas, que fueron antes de vosotros.

13º Vosotros sois la sal de la tierra. Y si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No vale ya para nada, sino para ser echada fuera y pisada por los hombres.

14º Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad, que está puesta sobre un monte, no ‘se puede esconder.

15º Ni encienden una antorcha, y la ponen bajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.

16º A este modo ha de brillar vuestra luz, delante de los hombres, para que vean vuestra buenas obras, y den gloria a vuestro Padre, que está en los cielos.

17º No penséis que he venido a abrogar la ley, o los profetas: no he venido a abrogarlos, sino a darles cumplimiento.

18º Porque en verdad os digo, que hasta que pase el cielo y la tierra, no pasará de la ley ni un punto, ni una tilde, sin que todo sea cumplido.

19º Por lo cual quien quebrante uno de estos mandamientos muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas quien hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

20º Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

21º Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y quien matare, obligado quedará a juicio.

22º Mas yo os digo, que todo aquel que se enoja con su hermano, obligado será a juicio. Y quien dijere a su hermano: Raca, obligado será a concilio. Y quien dijere: Insensato, quedará obligado a la gehena del fuego.

23º Por tanto si fueres a ofrecer tu ofrenda al altar, y allí te acordares, que tu hermano tiene alguna cosa contra ti,

24º Deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve primeramente a reconciliarte con tu hermano, y entonces ven a ofrecer tu ofrenda.

25º Acomódate luego con tu contrario, mientras que estás con el en el camino; no sea que tu contrario te entregue al juez y el juez te entregue al ministro, y seas echado en la cárcel.

26º En verdad te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

27º Oísteis que fue dicho a los antiguos: No adulterarás.

28º Pues yo os digo, que todo aquel, que pusiere los ojos en una mujer para codiciarla, ya cometió adulterio en su corazón, con ella.

29º Y si tu ojo derecho te sirve de escándalo, sácale, y échale de ti; porque te conviene perder uno de tus miembros, antes que todo tu cuerpo sea arrojado al fuego del infierno.

30º Y si tu mano derecha te sirve de escándalo, córtala, y échala de ti; porque te conviene perder uno de tus miembros, antes que todo tu cuerpo vaya al fuego del infierno.

31º También fue dicho: Cualquiera que repudiare a su mujer, déle carta de repudio.

32º Más yo os digo, que el que repudiare a su mujer, a no ser por causa de fornicación, la hace ser adúltera; y el que tomare la repudiada, comete adulterio.

33º Además, oísteis que fue dicho a los antiguos: No perjurarás; mas cumplirás al Señor tus juramentos.

34º Pero yo os digo, que de ningún modo juréis, ni por el cielo, porque es el trono de Dios;

35º Ni por tierra, porque es la pana de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del grande Rey;

36º Ni jures por tu cabeza, porque no puedes hacer un cabello blanco, o negro.

37º Mas vuestro hablar sea: Sí, sí; no, no; porque lo que excede de esto, de mal procede.

38º Habéis oído que fue dicho: Ojo por ojo y diente por diente.

39º Mas yo os digo, que no resistáis al mal; antes si alguno te hiere en la mejilla derecha, párale también la otra.

40º Y a aquél que quiere ponerte a pleito, y tomarte la túnica, déjale también la capa.

41º Y al que te precisare a ir cargado mil pasos, ve con el dos mil más.

42º Da al que te pidiere; y al que te quiera pedir prestado, no le vuelvas la espalda.

43º Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.

44º Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que-os aborrecen, y rogad por los que os persiguen y calumnian.

45º Para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos, el cual hace nacer su sol sobre buenos y malos, y llueve sobre justos y pecadores.

46º Porque si amáis a los que os aman ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?

47º Y si saludareis tan solamente a vuestro hermanos, ¿qué hacéis además? ¿No hacen esto mismo los gentiles?

48º Sed pues vosotros perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto.

Capitulo VI. De la oración y del ayuno

Mirad que no hagáis vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera, no tendréis galardón de vuestro Padre, que está en los cielos.

Y así cuando haces limosna, no hagas tocar la trompeta delante de ti, como los hipócritas hacen en las sinagogas y en las calles, para ser honrados de los hombres. En verdad os digo, recibieron su galardón.

Mas tú, cuando haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha.

Para que tu limosna sea en oculto, y tu Padre, que ve en lo oculto, te premiará.

Y cuando oráis, no seréis como los hipócritas, que aman el orar en pie en las sinagogas y en los cantones de las plazas, para ser vistos de los hombres. En verdad os digo, recibieron su galardón.

Mas tú, cuando orares, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Y cuando orareis, no habléis mucho, como los gentiles; pues piensan, que por mucho hablar serán oídos.

Pues no queráis asemejaros a ellos; porque vuestro Padre sabe lo que habéis menester, antes que se lo pidáis.

Vosotros pues así habéis de orar: Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

10º Venga el tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

11º Danos hoy nuestro pan supersustancial.

12º Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

13º Y no nos dejes caer en la tentación. Mas líbranos del mal; Amén.

14º Porque si perdonareis a los hombres sus pecados, os perdonará también vuestro Padre celestial, vuestros pecados.

15º Mas si no perdonareis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestros pecados.

16º Y cuando ayunéis, no os pongáis tristes como los hipócritas; porque desfiguran sus rostros, para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo, que recibieron su galardón.

17º Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu cara. 18º Para no parecer a los hombres que ayunas, sino solamente a tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te galardonará.

19º No queráis atesorar para vosotros, tesoros en la tierra, donde orín y polilla los consume y en donde ladrones los desentierran y roban.

20º Mas atesorad para vosotros, tesoros en el cielo, en donde no los consume orín ni polilla, y en donde ladrones no los desentierran, ni roban.

21º Porque en donde está tu tesoro, allí está también tu corazón.

22º La antorcha dé tu cuerpo es tu ojo. Si tu ojo fuere sencillo, todo tu cuerpo será luminoso.

23º Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Pues si la lumbre que hay en ti, son tinieblas, ¡cuán grandes serán las mismas tinieblas!

24º Ninguno puede servir a dos señores: porque o aborrecerá al uno, y amará al otro; o al uno seguirá y al otro despreciará. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

25º Por tanto os digo, no andéis afanados para vuestra alma, qué comeréis, ni para vuestro cuerpo qué vestiréis. ¿No es más el alma que la comida y el cuerpo, que el vestido?

26º Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en trojes; y vuestro Padre celestial las alimenta. Pues ¿no sois vosotros mucho más que ellas?

27º ¿Y quién de vosotros discurriendo puede añadir un codo a su estatura?

28º ¿Y por qué andáis acongojados por el vestido? Considerad como crecen los lirios del campo: no trabajan, ni hilan.

29° Pues yo os digo, que ni Salomón en toda su gloria fue cubierto como uno de éstos.

30º Pues si al heno del campo, que hoy es, y mañana es echado en el horno, Dios viste así; ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe!

31º No os acongojéis pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos cubriremos?

32º Porque los gentiles se afanan por estas cosas. Y vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de todas ellas.

33º Buscad pues primeramente el reino de Dios, y su justicia, y todas estas cosas serán añadidas.

34º Y así no andéis cuidadosos por el día de mañana. Porque el día de mañana a sí mismo se traerá su cuidado. Le basta al día su propio afán.

Capítulo VII. El señor condena los juicios temerarios

No queráis juzgar, para que no seáis juzgados.

Pues con el juicio, con que juzgareis seréis juzgados; y con la medida con que midiereis, os volverán a medir.

¿Por qué pues ves la pajita en el ojo de tu hermano, y no ves la viga en tu ojo?

O ¿cómo dices a tu hermano: Deja, sacaré la pajita de tu ojo, y se está viendo una viga en el tuyo?

Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás para sacar la mota del ojo de tu hermano.

No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las huellen con sus pies, y revolviéndose contra. vosotros os despedacen.

Pedid y se os dará, buscad, hallaréis; llamad y se os abrirá.

Porque todo el que pide, recibe; y el que busca halla, y al que llama se le abrirá.

O ¿quién de vosotros es el hombre, a quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra?

10º O si le pidiere un pez, ¿por ventura le dará una serpiente?

11º Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos; ¿cuánto más vuestro Padre, que está en los cielos, dará bienes a los que se lo pidan?

12º Y así todo lo que queréis que los hombres hagan con vosotros, haciendo también vosotros con ellos. Porque ésta es la ley y los profetas.

13º Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por él.

14º ¡Qué angosta es la puerta, y qué estrecho el camino, que lleva a la vida, y pocos son, los que atinan con él!

15º Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, y dentro son lobos robadores.

16º Por sus frutos los conoceréis. ¿Por ventura cogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?

17º Así todo árbol bueno, lleva buenos frutos; y el mal árbol lleva malos frutos.

18º No puede el árbol bueno llevar malos frutos, ni el árbol malo llevar buenos frutos.

19º Todo árbol que no lleva buen fruto, será cortado, y metido en el fuego.

20º Así pues, por los frutos de ellos los conoceréis.

21º No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ese entrará en el reino de los cielos.

22º Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿pues no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?

23º Y entonces yo les diré claramente: Nunca os conocí, apartaos de mí, los que obráis la iniquidad.

24º Pues todo aquel que oye estas, mis palabras, y las cumple, comparado será a un varón sabio, que edificó su casa sobre la peña.

25º Que descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron impetuosamente en aquella casa, y no cayó; porque estaba cimentada sobre peña.

26º Y todo el que oye estas, mis palabras, y no las cumple, semejante será a un hombre loco que edificó su casa sobre arena.

27º Que descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron impetuosamente sobre aquella casa, y cayó, y fue su ruina grande.

28º Y sucedió, que cuando Jesús hubo acabado estos discursos, se maravillaban las gentes de sus doctrinas.

29º Porque los enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas de ellos y los fariseos.

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