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Día de Reyes – Eliphas Levi

Día de Reyes – Eliphas Levi

Día de Reyes

Hoy, día de Reyes, transcribimos un fragmento de la introducción del libro Historia de la Magia, de Eliphas Levi.

 

Durante mucho tiempo la Magia ha sido confundida con prestidigitación de saltimbanquis, alucinaciones de mentes perturbadas y delitos de ciertos malhechores fuera de lo corriente. Por el contrario, hay muchos que se apresurarían a explicar que la Magia es el arte de producir efectos con ausencia de causas; y basándose en tal definición el vulgo dirá —con el buen sentido que caracteriza a la gente común, en medio de mucha injusticia— que la Magia es un absurdo. Pero de hecho no puede tener analogía con las descripciones de quienes nada saben sobre el tema; además, nadie la habrá de representar como esto o aquello: es lo que es, surge de sí misma solamente, tal como la matemática, pues se trata de la ciencia exacta y absoluta de la Naturaleza y sus leyes.

 

La Magia es la ciencia de los antiguos magos; y la religión cristiana, que silenció los falsos oráculos y puso coto a las ilusiones de los falsos dioses, reverencia, no obstante, a aquellos reyes místicos que llegaron de Oriente, guiados por una estrella, para adorar al Salvador del mundo en Su cuna.

 

La tradición los elevó al rango de reyes, porque la iniciación mágica constituye una verdadera realeza; asimismo, porque todos los adeptos caracterizan al gran arte de los magos como el Arte Regio, como el Reino Santo —Sanctum Regnum.

 

La estrella que condujo a los peregrinos es la misma Estrella Flamígera que se halla en todas las iniciaciones. Para los alquimistas es el signo de la quintaesencia, para los magos es el Gran Arcano, para los cabalistas es el pentáculo sagrado.

 

Nuestro propósito es demostrar que el estudio de este pentagrama guió a los magos hacia un conocimiento del Nuevo Nombre que debía ser exaltado sobre todos los nombres, haciendo que se arrodillasen todos los seres capaces de adoración. Por tanto, la Magia combina en una sola ciencia lo que es muy cierto en filosofía, lo que es eterno e infalible en religión.

 

Reconcilia perfecta e irrefutablemente esos dos términos, tan opuestos a primera vista: la fe y la razón, la ciencia y la creencia, la autoridad y la libertad. Proporciona a la mente humana un instrumento de certidumbre filosófica y religiosa tan exacta como la matemática, dando incluso razón de la infalibilidad de la matemática misma.

 

Por ello, existe un Absoluto en los reinos del entendimiento y la fe. La Razón Suprema no dejó que las luces de la inteligencia humana oscilasen al azar. Hay una verdad irrebatible; hay un método infalible de conocer esa verdad; y quienes logran este conocimiento, y lo adoptan como norma de vida, pueden dotar su voluntad de un poder soberano capaz de convertirlos en amos de todas las cosas inferiores, de todos los espíritus errantes, o, en otras palabras, en árbitros y reyes del mundo.

 

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